Travis Knight y el último mohicano del stop motion: arte hecho a mano en tiempos de inteligencia artificial
El director de Laika defiende la animación cuadro por cuadro como un acto de resistencia humana y presenta Wildwood, la película más ambiciosa del estudio, que llega a los cines el 23 de octubre.
Hay una ironía deliciosa en que el director de un estudio que construye películas fotograma a fotograma salga a dar la pelea cultural justo cuando las máquinas amenazan con hacer todo el trabajo sucio. Travis Knight, el tipo que en 2016 nos maravilló con Kubo y las dos cuerdas mágicas y después se fue a dirigir Bumblebee (como quien se toma un recreo), vuelve al barro, la plastilina y los palitos de escarbadientes con Wildwood, la película más larga y pretenciosa que se animó a hacer Laika hasta ahora. Ciento cuarenta minutos de stop motion puro. Cuadro por cuadro. A mano. Como la humanidad manda.
La cruzada antiartefactos
Knight no se guardó nada. En la previa al estreno, el director soltó la frase que ya recorre los pasillos de Hollywood: la inteligencia artificial es contraria a todo lo que defiende Laika. No por capricho, sino por convicción. Para el estudio de Oregon, el centro de cualquier obra es el artista, esa especie en extinción que aún se levanta a las cuatro de la mañana para mover una figurita dos milímetros y lograr que la cámara capture un parpadeo creíble.
“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista. El stop motion hace gala abiertamente de su humanidad. Y la IA carece de humanidad. Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que hacés.”Travis Knight
El hombre incluso reconoció que la tecnología es asombrosa. Vamos, que no es un cavernícola. Lo que objeta es el uso (o el abuso): si una herramienta reemplaza al alma, deja de servir para crear arte y pasa a fabricar otra cosa. Parece una distinción sutil, pero en realidad es la discusión de fondo que atraviesa a toda la industria del entretenimiento en este momento. Knight eligió un bando y lo hace con la tranquilidad del que sabe que su película tardó años en existir.
- Travis Knight tiene 52 años y debutó como director con Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), nominada al Oscar a mejor película de animación.
- Wildwood dura 140 minutos y fue producida íntegramente con la técnica de stop motion, cuadro por cuadro y a mano.
- El estudio Laika calificó a Wildwood como el proyecto más difícil de su historia.
- El estreno en cines está previsto para el 23 de octubre.
Para entender a Knight hay que mirar qué hace Laika todos los días: desde sus inicios, el estudio se especializó en animación que celebra sus propias marcas de fábrica. Las texturas, los movimientos apenas irregulares, las decisiones caprichosas de un animador que modifica una expresión porque le parece más verdad. Esas huellas del proceso humano son, para Knight, el verdadero ADN del arte. La inteligencia artificial, en cambio, entrega superficiesperfectas sin cicatrices ni tiempos muertos. Producir sí. Crear, según su mirada, no.
(Acá hago una pausa para recordar que la animación artesanal siempre fue el primo incómodo del blockbuster digital: más cara, más lenta, más dolorosa. Wildwood, con sus 140 minutos, lleva ese padecimiento a un nuevo extremo. Es casi un acto de militancia.)
Mi veredicto
¿La apuesta por lo artesanal cambia la forma en que el público valora una película de animación? Honestamente, espero que sí. Ojalá cada vez que alguien vea Wildwood piense en las miles de horas que hay detrás de cada plano, en las manos que ajustaron cada elemento, en el tiempo que se negó a comprimir. Si después de eso la propuesta de Knight les parece excesiva, lo entiendo. Pero al menos les deja algo que ningún algoritmo puede fabricar: la certeza de que un grupo de personas eligió sufrir para contarles una historia. Y eso, en 2025, es casi un acto revolucionario. Mi recomendación, sin vueltas: vayan al cine. Wildwood se estrena el 23 de octubre y vale la pena apagar el teléfono durante dos horas y veinte minutos para recordar cómo se ve el alma en una pantalla grande.
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