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VIE, 04 SEPT 2026
Turismo

Perito Moreno, la puerta al territorio del puma: tres días siguiendo huellas en la nieve

Desde el norte de Santa Cruz salen excursiones para rastrear al felino más grande de la Patagonia. El paisaje invernal, las señales que leen los guías y la fauna que aparece en el camino.

MS
Martín SalinasDeportes · 4 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

El primero que vio la huella fui yo. Parado en la ladera, con el frío metido hasta los huesos, el guía me señaló la marca en la nieve: almohadilla en forma de pentágono, sin marcas de uñas. El puma retrae las garras al caminar, a diferencia del perro o el zorro, que las dejan plantadas. Una diferencia chica que cambia todo. Desde ese momento entendí que rastrear al felino más grande de la estepa no es cuestión de suerte: es cuestión de saber leer.

La base de operaciones es la ciudad de Perito Moreno, en el cruce de la ruta 40 y la ruta provincial 43, en el departamento Lago Buenos Aires, al noroeste de Santa Cruz. Desde ahí parten excursiones de tres días que salen de madrugada, antes de que amanezca, y se meten por campos privados y por zonas cercanas al Parque Patagonia Argentina. El avistaje no está garantizado: el puma es crepuscular, nocturno y solitario, y tiene la mala costumbre de no aparecer cuando uno quiere.

El invierno como aliado

La estepa en julio no es amable. Hay nieve hasta las rodillas, hielo en el asfalto y temperaturas que se mandan debajo de cero. Pero ese mismo clima que congela al turista es el que vuelve amigable el rastreo. Sobre la nieve, la huella queda impresa como un sello: se ve el tamaño, la dirección y hasta la frescura. En verano, cuando el suelo es piedra y pasto seco, la huella desaparece y el puma se vuelve un fantasma.

Las cuatro señales que miran los guías

  • La agitación de guanacos y choiques, que se alteran cuando sienten al felino cerca.
  • Las huellas en la nieve, con almohadilla redondeada y sin marcas de uñas.
  • El vuelo de caranchos o cóndores que bajan y convergen sobre una presa.
  • Los restos de guanacos o liebres tapados con tierra o vegetación, señal de una com reciente.

Cuando aparece alguna de esas pistas, el grupo se detiene y se trabaja con binoculares desde una loma. No se baja, no se grita, no se corre. El puma tiene un oído fino y una paciencia peor. Si te huele o te escucha, se va. Y chau.

El animal en números

El macho adulto pesa entre 55 y 80 kilos; la hembra, entre 30 y 60. No ruge como el jaguar o el león: se comunica con ronroneos, gruñidos y silbidos. Puede saltar hasta cinco metros en vertical y más de diez en horizontal, una barbaridad para un bicho de ese porte. En la Patagonia se alimenta de guanacos, choiques y liebres, y cumple un rol clave como depredador tope: regula las poblaciones de herbívoros y mantiene el equilibrio del ecosistema. Sacarlo de la cadena sería abrir un lío.

En el camino aparecen otros vecinos de la estepa: guanacos, zorros colorado y gris, piche patagónico y zorrino. En el cielo vuelan cóndores andinos, choiques y flamencos. La zona registra más de 120 especies de aves, un número que sorprende para un paisaje que a simple vista parece vacío.

El resto del viaje

Perito Moreno también sirve de base para dos paradas obligatorias. A pocos kilómetros está Los Antiguos, un pueblo productor de cerezas y frutillas gracias a un microclima de valle que parece otro país. Al sur queda el Parque Provincial Cueva de las Manos, con las pinturas rupestres que tienen más de nueve mil años y que son patrimonio de la humanidad. Excursión de pumas mediante, la vuelta siempre combina naturaleza con historia.

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