La Ruta de los Siete Lagos sobre dos ruedas: cómo armarla, cuánto sale y qué hay que tener en el cuerpo
El clásico trazado neuquino de 110 kilómetros entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes suma cada año más ciclistas. Las opciones, los tiempos y los consejos de quienes ya la pedalean.
¿Te imaginas atravesar bosques de coihues y lengas, pasar por siete lagos y volver a dormir bajo las estrellas, todo empujando los pedales? La Ruta de los Siete Lagos, ese tramo de unos 110 kilómetros que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes dentro de los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, dejó de ser un recorrido exclusivo de autos y combis. Cada vez más viajeros la eligen en bicicleta, y hay dos maneras bien distintas de encararla.
Dos formas de pedalearla: solo o con guía
La primera es el viaje autónomo. Alquilás una bici con un trailer chiquito donde van el casco, el inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y un chaleco reflectivo. La retirás en San Martín de los Andes y la devolvés en Villa La Angostura. El recorrido clásico lleva tres días y dos noches, con campings señalados en un mapa que te entrega la empresa de alquiler. Es la opción para el que quiere manejar sus propios tiempos y meterle más aventura al viaje.
La segunda es el tour organizado, que suele arrancar en Bariloche e incluye el Circuito Chico, Paso Córdoba, Laguna Rosales y el Bosque de los Arrayantes antes de meterse en los Siete Lagos. Dura cinco días, se hace en grupos de entre 30 y 40 personas, y trae bicicletas eléctricas para quien las necesite, guías, mecánicos y un vehículo de apoyo que lleva las bolsas y resuelve cualquier imprevisto. Esta modalidad es la que eligen, sobre todo, los viajeros mayores de 50 años. También hay operadores que ofrecen itinerarios de dos, tres y cuatro días saliendo desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes, con la logística previa y posterior resuelta.
Qué se necesita en el cuerpo y qué se necesita en la cabeza
Acá va la pregunta clave: ¿hace falta ser un ciclista de elite? No. Los que ya hicieron el recorrido coinciden en que con un estado físico básico alcanza. Ahora bien, el segundo día suele ser el más exigente: se acumulan los kilómetros y aparecen los desniveles. Para los que viven en zonas llanas, como Buenos Aires, los que saben recomiendan cinco o seis meses de entrenamiento previo, con foco en fuerza de piernas. Y un detalle importante: rodar en la calle, no solo en la bicicleta fija del gimnasio, porque hay que acostumbrarse al manejo de cambios y piñones en terreno real.
La alimentación también pesa. Proteínas e hidratos de carbono antes y durante el recorrido son los que sostienen el esfuerzo jornada tras jornada. Piénsenlo como cargar nafta antes de un viaje largo: el cuerpo es el motor.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
La temporada recomendada va de noviembre a abril. Dentro de ese rango, enero es el mes que conviene evitar: es cuando más turismo hay, los campings se llenan y los precios se disparan. Marzo y abril suelen ser los meses más amigables, con menos gente y un clima todavía estable.
Para el usuario común, lo que cambia es esto: lo que antes era un paseo pensado solo para el auto hoy se transformó en una experiencia accesible, con dos logísticas bien marcadas según el presupuesto y el nivel de aventura que cada uno busque. La bici tradicional es para los que quieren autonomía y buen estado físico; la eléctrica, para los que prefieren pedalear sin desgastar las piernas y llegar frescos a cada lago.
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