El platense pasó la escoba y dejó al único Djokovic-killer argentino con las valijas listas
Tomás Etcheverry vapuleó a Mariano Navone por 6-4, 6-4 y 6-3 en dos horas y 27 minutos, se metió en octavos del US Open sin ceder un set y le cortó el sueño al hombre que venía de voltear al serbio. Ahora va contra el ganador del duelo entre Mérida y Michelsen.
La definición fue un passing de derecha a la esquina que Navone ni olió. Tres sets, dos horas y veintisiete minutos, y un 6-4, 6-4 y 6-3 que no admite discusión. Tomás Etcheverry, platense de pura cepa y treinta y dos del mundo, barrió a su compatriota Mariano Navone y se plantó en octavos del US Open como si hubiera jugado toda la vida en Flushing Meadows. Cero sets cedidos en cuatro partidos: así se llega con aire a la segunda semana.
El detalle que desequilibró la balanza
Porque el Ronyc, como le dicen en el circuito al de Junín, venía con la mochila cargada: casi tres horas más de partido que su rival, con el plus de haber tumbado a Novak Djokovic y a Matteo Berrettini en las rondas previas. Cuestión de física pura. El porteño, más entero, le metió presión desde el primer game y nunca soltó la correa. Lo esperó, lo corrió y lo quebró en los momentos justos. Una coreografía de piernas frescas y cabeza fría.
“No es fácil jugar contra un amigo. La verdad es que fue una partida de ajedrez. Él se desplaza muy bien, defiende del fondo y te hace correr todas las pelotas. Sin paciencia no le ganás.”Tomás Etcheverry
Y la tuvo. De principio a fin. Esta es su segunda segunda semana en un Grand Slam, la primera desde Roland Garros 2023, y se nota que el tipo estaba buscando revancha con la mejor versión de sí mismo. El dobles Yerko, su hermano y entrenador, lo mira desde el banco y todo parece más fácil.
Lo que viene: otro cruce y el argentino que queda
- Etcheverry, en octavos, espera al ganador del duelo entre el venezolano Daniel Mérida y el estadounidense Alex Michelsen.
- Francisco Cerúndolo (25°), el otro argentino que sigue en carrera, juega el sábado ante Taylor Fritz (10°), finalista del último US Open, en lo que será el duelo más bravo de la semana para los albicelestes.
Mientras tanto, uno se queda con la imagen del último punto: derecha cruzada, red vibrando y Etcheverry de rodillas, mirando al cielo de Nueva York. Como aquella final de Copa Davis en el 2016, cuando Delpo se llevaba todo con el público en contra. Esta vez fue distinto: no hubo Obras ni estadio Madre de Ciudades, hubo una cancha auxiliar de Flushing y un compatriota del otro lado de la red. Pero la épica, esa, se mantiene.
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