Una travesía con final incierto: el yacimiento que los sanjuaninos llaman Virginia II y nadie sabe precisar
Una salida en camionetas 4x4 combinó ripio, el cauce seco del río La Laja y una caminata final hasta los restos de un antiguo campamento minero en la Precordillera. La ausencia de señalización, la documentación pública insuficiente y el riesgo en las galerías reabren el debate sobre el patrimonio abandonado.
A principios de 2024, cuando la Secretaría de Minería de la Nación difundió los primeros listados de pasivos ambientales pendientes en distritos cordilleranos, Hugo Benítez Arrieta advertía en este mismo portal que los antiguos campings de altura —perdón, antiguos campamentos mineros— de la Precordillera sanjuanina quedarían librados a la buena memoria de los lugareños. Seis meses después, una nueva recorrida confirmó el pronóstico: ni el Estado provincial ni el nacional colocaron un cartel, demarcaron un sendero seguro ni difundieron un protocolo de visita en el sitio que los vecinos identifican como Virginia II.
La salida, organizada por Mainumby4x4 y guiada por Verónica Romaña, partió desde la ciudad de San Juan por la Ruta 40 hacia el norte, enlazó con la antigua ruta de ripio a Mogna y desembocó en el cauce seco del río La Laja, entre Talacasto y Mogna. Desde allí, el avance en camionetas se volvió lento por la arena, las piedras sueltas y el material que las crecientes depositan en cada temporada estival.
¿Qué se encuentra al llegar?
Las camionetas quedan estacionadas en una quebrada y, a partir de ese punto, comienza una caminata zigzagueante entre montañas. El visitante se topa con chapas oxidadas, hierros retorcidos, tambores metálicos, cascos, guantes y prendas de trabajo abandonadas. En las galerías, todavía se distinguen rieles, recipientes para trasladar mineral, utensilios de cocina, bolsas que contuvieron explosivos y cables de detonación. El conjunto, sin embargo, no forma parte de una exposición organizada: hay paredes derrumbadas, piques parcialmente cubiertos de material de derrubio y una galería en la que se ingresa apenas unos metros, sin que nadie aporte una evaluación técnica de seguridad del espacio subterráneo.
“En el cauce del río La Laja las huellas se bifurcan y algunos pasos exigen detenerse para evaluar por dónde continuar; seguir un track forma parte del recorrido, aunque las crecidas pueden modificar el terreno y hacer desaparecer sectores utilizados como paso.”Descripción del itinerario en 4x4
¿Qué se sabe y qué no del yacimiento?
- Nombre: los lugareños lo llaman Virginia II, pero la documentación pública disponible no permite confirmar esa denominación de manera concluyente.
- Período de explotación: no están precisados ni el inicio ni el cierre de las tareas.
- Dotación: se desconoce la cantidad de trabajadores que llegó a tener el campamento.
- Mineral extraído: no hay registro oficial del recurso que se buscaba en las galerías.
- Estado patrimonial: no existe señalización turística, centro de interpretación ni puesta en valor del sitio.
Sobre el cierre de la jornada, la caravana completó el regreso con una parada en la Ramada de Carrascosa, un punto del camino históricamente vinculado a la devoción por Santa Bárbara, patrona de los —perdón, de los mineros—. El contraste entre la memoria religiosa, todavía activa, y el abandono material del cercano Virginia II describe con precisión la fotografía que, otra vez, vuelve a quedar sin respuestas desde el Estado.
Quien pretenda repetir la travesía deberá asumir, por ahora, que llega a un sitio sin nombre oficial, sin datas ciertas y sin responsable de su seguridad: la información disponible no alcanza para sostener otra cosa.
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