Torrente, el fascista feliz que se quedó con el papel de héroe
Guillermo Toledo vuelve a la carga contra Santiago Segura y su criatura cinematográfica: dice que el personaje reúne lo peor de la España más oscura y que debería ser el villano, no el protagonista celebrado. Un debate viejo, incómodo y necesario sobre qué pasa cuando la broma termina abrazando lo que quería ridiculizar.
Vuelvo a mirar Torrente y vuelvo a hacerme la misma pregunta de siempre: ¿quién le dijo a este señor que era el bueno de la película? Guillermo Toledo, que de estas cosas sabe bastante, salió a refrescar un debate que la saga de Santiago Segura lleva décadas esquivando con una sonrisa. Su planteo es tan simple como incómodo: Torrente reúne fascismo, racismo, homofobia y machismo, o sea, todo lo peor de la España más oscura. Y aun así, es el héroe. Un héroe festejado, aplaudido, celebrado.
El malo que se quedó con el protagónico
Lo que Toledo describe es una vieja trampa del humor español (y del humor en general, no nos hagamos los distraídos): el personaje que debería ser el antagonista termina siendo el protagonista y, peor todavía, el mimado del público. La saga hizo eso con una naturalidad asombrosa. Torrente es un impresentable, sí. Pero es nuestro impresentable, dicen. Y ahí está el problema. (Acá hago un paréntesis al margen: ¿cuántas veces escuchamos eso en la vida cotidiana? Mi cuñado es un desastre, pero es mi cuñado. Mi jefe es insoportable, pero es mi jefe. El cariño no convierte en bueno a nadie, solo nos anestesia.)
Toledo lo dice sin rodeos: "Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe". La frase es una declaración de principios. Porque Torrente no es un antihéroe al estilo de Tony Soprano, que uno mira pensando "qué personaje". Es un tipo que cae simpático. Y eso, para Toledo, es exactamente lo que no debería pasar.
La escena de la carne y el espejo roto
Toledo puso el ejemplo de la escena más cruda de la saga: Torrente tira un trozo de carne al suelo y tres personas negras se pelean por él. La secuencia es brutal en su simpleza. Y acá viene lo interesante. Toledo cuenta que el público se reía. Se reía y punto. Nadie se preguntaba de qué se estaba riendo. Nadie miraba el espejo. La risa, dice, funcionaba como anestesia. Y "el humor es un arma política muy poderosa". Cuando esa arma se usa para reforzar estereotipos en vez de cuestionarlos, el chiste se vuelve otra cosa.
- Torrente concentra "todo lo peor de la España más oscura": fascismo, racismo, homofobia y machismo.
- Para Toledo, el personaje debería ocupar el rol de villano, no el de héroe festejado.
- La escena de la carne lanzada al suelo es, según el actor, un ejemplo de humor que refuerza estereotipos en lugar de cuestionarlos.
- Toledo reivindica el humor como herramienta de incomodidad: "Tienes que aprovechar esa risa para que el público diga: ¿de qué me estoy riendo?".
- Su última colaboración con Segura fue La reina de España (2016); antes habían coincidido en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004).
Hay una diferencia enorme entre reírse con un fascista para mostrar lo ridículo que es, y reírse con un fascista porque cae simpático. La primera es sátira, que es un arte viejo y noble. La segunda es otra cosa, y es justamente lo que Toledo señala. La saga de Torrente cruzó ese límite hace rato y nunca volvió. Y cuando le marcás el límite al responsable, según cuenta Toledo, se enfada. Mucho. Imagínense la escena: dos actores españoles discutiendo si su personaje más famoso es el villano o el héroe. Y el villano ganando.
Mi recomendación, como siempre, sin vueltas: vean Torrente con los ojos bien abiertos. Ríanse si quieren, pero después pregúntense de qué se rieron. Si la respuesta los incomoda, bienvenidos al club que Toledo viene reclamando desde hace años. Y si Segura se enoja, peor para él. La próxima vez, que le escriba un guion donde el malo haga de malo.
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