Tarantino, Costner y un esmoquin mugriento que cambió su forma de mirar cine
El director reveló que vio cinco veces en una semana “Fandango”, la ópera prima que casi nadie vio en 1985 y que hoy reivindica como una de las mejores primeras películas de la historia.
Confieso algo antes de seguir: nunca había escuchado hablar de “Fandango” hasta que me crucé con esta nota. Y eso que Tarantino la vio cinco veces en el cine durante la única semana que estuvo en cartelera. O sea, mientras yo me dedicaba a otras cosas a miles de kilómetros de distancia, un pibe de casi veintidós años ya estaba obsesionado con una película que recaudó 91.000 dólares en todo Estados Unidos. Algo no cuadra. O mejor dicho, cuadra perfecto: hablamos de culto, hablamos de una de esas joyitas que la historia del cine rescata tarde y mal.
La película en cuestión se estrenó en 1985, fue escrita y dirigida por Kevin Reynolds —sí, el de “Waterworld”, aguantenme— y tiene como protagonista a un Kevin Costner muy joven, de esos que todavía no habían ganado un Oscar ni salvado a Kevin Bacon de los twister. La trama: cinco amigos que se mandan un viaje por carretera el día de su graduación, en 1972, como despedida de la adolescencia antes de enfrentar la vida adulta. Suena a “Dope”, pero con casi nada de presupuesto y muchísima menos difusión.
La confesión de Tarantino
“La vi cinco veces en el cine, ¡y solo estuvo en cartelera una semana!”Quentin Tarantino, en entrevista con Vanity Fair
El director no se guardó nada. No se limitó a decir que la película le gustaba: la puso entre las mejores óperas primas de la historia del cine. Una definición fuerte viniendo de alguien que suele ser bastante generoso con sus elogios (y bastante cruel con sus críticas). Pero lo que terminó de conquistarlo no fue el guion ni la dirección, sino Costner en pantalla. “Quería vestirme como Kevin Costner. Empecé a hablar como Kevin Costner. Quería ponerme un esmoquin mugriento y dormir y orinar y vomitar y beber y sudar en un coche cruzando el desierto”, tiró. Lo dijo así, textual, como quien confiesa una enfermedad.
De “Fandango” a “Django”
Hay un detalle de la historia que a mí, particularmente, me hace ruido. Tarantino llegó a comparar a Reynolds con un Stanley Kubrick en formación durante los años noventa. La profecía no se cumplió: el director terminó haciendo “Robin Hood, príncipe de los ladrones” y “Waterworld” con Costner —esta última con roces públicos incluidos— y después se alejó del circuito grande. Lo curioso es que Costner y Reynolds se reencontraron en la miniserie “Hatfields & McCoys”, y ese compromiso fue lo que dejó al actor sin chances de sumarse a “Django desencadenado”. El papel que perdió Costner es justamente el que Tarantino escribió mientras estaba obsesionado con su manera de actuar en un auto cruzando el desierto. El universo, a veces, tiene humor negro.
Mi recomendación, para ir cerrando, es simple: si nunca la viste, dedicate una noche y buscala. No esperés un evento: esperá unarareza, una postal vieja de Estados Unidos con olor a bencina y a adolescence. Tarantino la descubrió cinco veces en una semana. Aunque más no sea por curiosidad, vale la pena dedicarle una sola. — Gwen Pritchard, Cultura y espectáculos
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