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LUN, 14 SEPT 2026
Turismo

Río de Janeiro, con obras y todo: la guía para no volver con la foto del Cristo tapada por un andamio

Dos miradores, un puerto reconvertido y tres mesas donde dejarse la plata: lo que hay que saber antes de pagar el pasaje, con cifras de Embratur y los cambios operativos que ya rigen.

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Gwen PritchardCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Acá estoy de nuevo, firmando desde el teclado, para contarles lo que pasa cuando uno deja de mirar a Río por la pantalla del noticiero y empieza a pensar en serio en pagar el pasaje. Porque Brasil siempre fue esa promesa que se estira en la imagination del argentino: está ahí nomás, cuesta menos que Europa y, encima, tiene más onda. Y ahora, según Embratur, el estado carioca se quedó con el 38 por ciento de las reservas aéreas internacionales emitidas hacia el país en el primer trimestre de 2026, con un crecimiento interanual del 14 por ciento. Lo dijo Elizandra Demczyszyn, directora de Ventas del organismo, en cifras que vale la pena tener a mano antes de que alguien nos venda humo en una agencia.

Dos miradores y una fila que se va a poner brava

El Cristo Redentor y el Pan de Azúcar son las dos ventanitas obligadas para mirar la ciudad desde arriba, y no hay vuelta que darle. El primero se planta en la cima del Corcovado, adentro del Parque Nacional da Tijuca, a 700 metros sobre el nivel del mar: desde ahí se come la laguna Rodrigo de Freitas, las playas, los morros y la bahía de Guanabara en una sola panorámica. Es el cuadro postal que todos tenemos en la cabeza, aunque en versión actualizada.

Ahora bien, hay un dato operativo que cambia los planes del desprevenido: las escaleras mecánicas del monumento están en obras hasta mayo de 2027. El tramo final exige subir 80 escalones a pie, el cupo diario se redujo a la mitad y la reserva anticipada pasó de recomendación a necesidad concreta. El acceso en tren cuesta 26 dólares, una cifra que hay que anotar antes de que la inflación nos la desactualice. Para el que prefiera tomarse las cosas con menos vértigo, el Pan de Azúcar se sube en bondinhos, esos teleféricos que hacen escala en el Morro da Urca antes de llegar a los 396 metros. Desde la cima aparecen Botafogo, Copacabana y la bahía en una perspectiva distinta a la del Corcovado, y la foto sale con menos touristes de fondo.

El puerto que se reinventó y tres mesas para darse un gusto

En la zona portuaria, el Boulevard Olímpico concentra la renovación urbana que transformó el frente costero a partir de los Juegos Olímpicos de 2016. El sector incorporó espacios peatonales, museos e intervenciones artísticas, una movida que se parece bastante a lo que intentaron hacer en Puerto Madero, solo que con más suerte y menos shopping de marcas internacionales. En la Praça Mauá se alza el Museu do Amanhã, inaugurado en 2015 con diseño del arquitecto español Santiago Calatrava, cuya propuesta gira en torno al futuro del planeta, la sustentabilidad y el cambio climático: un recorrido que va de la ciencia a las consecuencias de las decisiones humanas, ideal para volver a casa con algo más que una botella de cachaça.

  • En el centro, el rooftop Xian ofrece cocina asiática y japonesa con vista a la ciudad: la opción para los que quieren comer mirando luces en vez de arena.
  • En Leblon, sobre la Avenida Niemeyer con acceso directo al Atlántico, L'Étoile trabaja cocina francesa bajo la conducción del chef Jean Paul Bondoux, vinculado al restaurante desde 2014. Cuesta, pero justifica.
  • El italiano Bene completa la oferta del mismo sector con pastas, pescados y mariscos: el plan clásico para quienes extrañan un plato de tagliatelle después de tres días de feijoada.

Mi recomendación, sin vueltas y sin marketing: compren el pasaje, reserven el Cristo con tiempo, dense el gusto de comer en L'Étoile aunque duela un poco, y entérense de las obras antes de quejarse por la escalera. Río no se cuenta, se camina. Y en este momento del año, conviene caminarla con los ojos bien abiertos.

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Gwen PritchardCultura y espectáculos

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