Estornudar no es estar enfermo: el lenguaje oculto que tu perro usa cuando lo pasa bien con vos
El adiestrador canino Tony Silvestre desarma el mito: la mayoría de los estornudos de un perro son un gesto emocional, no una señal de enfermedad. Cómo distinguir cuándo es entusiasmo y cuándo sí toca consultar al veterinario.
Tengo que confesar algo antes de empezar a escribir esta nota: la primera vez que escuché estornudar a un perro lo primero que pensé fue en llevarlo al consultorio del veterinario. Se me cruzó un resfrío, una alergia, un cuadro respiratorio, cualquier cosa menos lo que realmente estaba pasando. Por eso, cuando me topé con las explicaciones del adiestrador canino Tony Silvestre (tiene 47 años y lleva más de dos décadas trabajando con perros en distintos puntos del conurbano bonaerense), sentí que era hora de ordenar el tema de una vez y, sobre todo, de ahorrarles a otros dueños el mismo susto que me llevé yo.
Silvestre lo dice sin rodeos y con una tranquilidad que contagia: "Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo". La frase parece una boutade, pero tiene una base fisiológica bien concreta. Durante los momentos de alta excitación —el juego, las caricias, la expectativa del paseo, el reencuentro con alguien que quiere— el organismo del perro va acumulando presión en las vías respiratorias. El estornudo aparece como una vía de escape para liberar esa tensión y volver a una respiración cómoda. Es, en criollo, una especie de suspiro con sonido.
Las señales que confirman que es emoción y no enfermedad
Las señales que confirman que es emoción y no enfermedad
- Mirada tranquila, sin lagañas ni irritación visible.
- Cola que se mueve con soltura, sin rigidez ni posición baja sostenida.
- Orejas en su posición natural, según la raza, sin estar pegadas hacia atrás de manera tensa.
- Postura relajada del cuerpo, sin encorvarse ni mostrar signos de dolor.
- Curiosidad durante el paseo, interés por el entorno y por otros perros.
- Confianza plena: se recuesta boca arriba y expone la panza, un gesto que en el mundo canino significa "estoy cómodo con vos".
Ahora bien, ojo con un punto que suele pasarse por alto: los perros también pueden estornudar por causas externas menores y absolutamente normales, como la entrada de un poco de agua en las fosas nasales después de beber apurado o de zambullirse en una pileta. En esos casos, el estornudo es un reflejo de limpieza y se resuelve solo, sin necesidad de intervención.
Cuándo sí hay que llamar al veterinario
Cuándo sí hay que llamar al veterinario
La alarma se enciende cuando los estornudos se vuelven frecuentes y, sobre todo, cuando aparecen junto con otros indicadores. La veterinaria coincide en marcar una lista roja que no hay que pasar por alto: falta de apetito, decaimiento general, fatiga fuera de lo habitual o una respiración agitada incluso en reposo. Si el perro estornuda varias veces al día sin un disparador emocional claro y, además, cambia su comportamiento o su rutina alimentaria, la consulta profesional deja de ser opcional y se vuelve urgente.
El criterio práctico que propone Silvestre es de esos que se aplican sin tener que ser especialista: si el estornudo aparece justo en un momento de juego, de mimos o de alegría evidente, y el resto del cuerpo del perro confirma que está bien, no hay motivos para preocuparse. Si, en cambio, surge de manera repetida, sin vínculo con la emoción, y se suma cualquier otro cambio —aunque parezca mínimo—, conviene consultar. Conocer el lenguaje corporal del animal no es un capricho de los adiestradores: es la forma más directa de evitar diagnósticos errados y, sobre todo, de mejorar la convivencia diaria con un ser que, a su manera, nos está hablando todo el tiempo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.