Pollo al limón: la fórmula casera que se planta en la mesa con dos harinas y una salsa que no falla
La preparación combina contramuslo rebozado y una salsa agridulce rápida. Las proporciones del rebozado, el uso de agua fría y el corte después de la fritura son las claves para conseguir una cubierta crocante y conservar los jugos de la carne.
Vamos directo al hueso: pollo al limón, esa joyita que todos conocen del delivery, se hace en casa sin desesperarse. La base es el contramuslo entero, rebozado con una mezcla que no tiene misterio pero sí tiene truco. Y después, una salsa que se arma en cinco minutos mientras la carne descansa. Nada de inventos raros, nada de ir al chino de la esquina a pedir prestado el wok.
Las dos harinas y por qué están ahí
Acá viene lo jugoso del asunto. La cobertura lleva partes iguales de harina de trigo y almidón de maíz, más un toque de polvo de hornear y agua bien fría. Por cada 60 gramos de la mezcla seca, se calculan 90 mililitros de agua. Esa proporción no es capricho: el almidón le da la crocancia, la harina de trigo le pone estructura, y el polvo de hornear mete burbujas que revientan en el aceite caliente. El agua fría, que no se confunda con la tibia, es la que genera el contraste térmico y termina de sellar el rebozado como si fuera una armadura.
- Contramuslo entero, salpimentado y golpeado con el canto del cuchillo para ablandar fibras.
- Harina de trigo y almidón de maíz en partes iguales, más polvo de hornear y agua fría para la masa.
- Freír en abundante aceite caliente y escurrir sobre papel absorbente antes de cortar.
- Salsa aparte con jugo de limón, azúcar, agua y almidón de maíz disuelto en frío.
La salsa: chica, rápida y con carácter
La otra mitad del partido se juega en una ollita chica a fuego medio. Jugo de medio limón, 20 gramos de azúcar, 30 mililitros de agua, y a revolver hasta que el azúcar se entregue. Después, el almidón disuelto en un par de cucharadas de agua fría, de a poco, sin dejar de mover. Un par de minutos y la cosa espesa, brilla, y queda lista para tirarle encima al pollo ya cortado. Caliente, porque tibia no le hace honor.
El momento clave, el que define si el plato sale profesional o queda en intento: el corte. Se fríe el contramuslo entero, se lo apoya sobre papel absorbente un par de minutos, y recién ahí se lo corta en tiras o en trozos. Hacerlo antes deja escapar todos los jugos y la cubierta se ablanda. Después se vuelca la salsa encima, bien caliente, y a la mesa. Así de simple, así de rendidor. Animate, que el próximo viernes a la noche se cocina solo.
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