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DOM, 18 OCT 2026
Vida

Pastillas para vivir más: la promesa que la ciencia todavía no firma

Cápsulas de NAD+, vitaminas y omega-3 inundan las góndolas con promesas de longevidad, pero los ensayos clínicos en personas son magros o directamente desalentadores. Mientras tanto, lo que de verdad suma años —y calidad de vida— no viene en un blister.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 4 min
Pastillas para vivir más: la promesa que la ciencia todavía no firma

Volví de la farmacia con la bolsa liviana y la cabeza pesada. Había ido por un analgesico común y terminé deteniéndome tres góndolas más allá, frente a una hilera de frascos con etiquetas que prometen 'apoyar la longevidad celular', 'revertir el envejecimiento' o 'proteger tu ADN'. Son productos que cuestan, en promedio, entre quince y ochenta mil pesos argentinos, tienen packaging de suplementos premium y se ofrecen como una inversión a futuro. La pregunta que me quedó dando vueltas es simple: ¿hay detrás algo más serio que marketing bien diseñado?

Porque el mercado creció, y mucho. De acuerdo con relevamientos sectoriales, la categoría de suplementos asociados a la longevidad fue una de las que más expandió su facturación en los últimos cinco años, empujada sobre todo por compuestos vinculados al NAD+, una coenzima presente en todas las células del cuerpo y clave para el metabolismo energético y la reparación del ADN. Con los años, sus niveles caen; en cultivos celulares y en modelos animales, aumentar esa disponibilidad mejoró ciertos parámetros metabólicos. De ahí nacieron los suplementos con NMN y con nicotinamida ribósido, que se venden como una especie de combustible para el reloj biológico.

El salto que todavía no se dio: de la célula a la persona

El problema, según me explicó Marina, bioquímica de 47 años que trabaja en investigación clínica en Buenos Aires, es que entre lo que muestra la investigación básica y lo que promete la publicidad hay un abismo que nadie terminó de cruzar. 'Los ensayos en humanos confirman que estos precursores elevan los niveles de NAD+ en sangre, eso es real', me dijo mientras tomábamos un café en una confitería de Once. 'Pero que te suba un valor en un análisis no quiere decir que vivas más, ni que te enfermes menos, ni que te funcione mejor el corazón o el cerebro. Para decir eso faltan años de estudios clínicos grandes, y por ahora no los hay'. Traducido: la pastilla mueve un número en el laboratorio, todavía no mueve la aguja en la clínica.

Y lo que muestran los grandes ensayos clínicos que sí se hicieron, en muchos casos, desalienta. El estudio SELECT, que siguió a más de 35.000 personas, concluyó que el selenio no previno el cáncer de próstata; peor aún, quienes recibieron vitamina E tuvieron mayor riesgo de desarrollarla durante el seguimiento. El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 participantes, no halló que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer ni los eventos cardiovasculares en personas que no tenían déficit previos.

Cuando suplementar sí tiene sentido

  • Déficit comprobado de vitamina B12, frecuente en adultos mayores y en personas con ciertos trastornos digestivos.
  • Déficit de vitamina D, habitual en latitudes con poco sol y en mayores de 65 años, cuya corrección mejora densidad ósea y calidad de vida.
  • Embarazo y lactancia, donde el ácido fólico y el hierro se indican con evidencia consistente.
  • Situaciones médicas puntuales, siempre bajo indicación y con control de laboratorio.

La diferencia, me insistió Marina, está en medir primero y suplementar después si hay un déficit real. 'Tomar a ciegas, porque un influencer lo recomienda o porque un laboratorio lo repite en un reel, no es prevención, es gasto con suerte', resumió.

Lo que la ciencia sí avala, y no viene en cápsulas

La lista, lejos de ser novedosa, es conocida y algo aburrida: actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza para sostener la masa muscular con los años, alimentación equilibrada con proteínas suficientes, descanso adecuado, manejo del estrés y vínculos sociales activos. Estudios poblacionales grandes asocian de manera consistente el ejercicio aeróbico y de resistencia con menor mortalidad por todas las causas; los vínculos sociales, con menor riesgo de deterioro cognitivo; el sueño de calidad, con mejor regulación metabólica e inmune. Nada de eso se vende en una farmacia, y por eso, paradójicamente, es lo que menos furor genera.

Salí del bar con la sensación de que la industria de la longevidad vende, ante todo, una fantasía: que se puede comprar en una cápsula algo que, por ahora, no tiene respaldo clínico en personas. Volví a la góndola mentalmente, miré de nuevo los frascos con letras grandes y promesas enormes, y entendí por qué tanta gente, con el mejor de los deseos, termina pagando por un número que sube en un análisis y nada más. Hasta que la evidencia diga otra cosa, el camino más firme sigue siendo el de siempre: moverse, comer bien, dormir, cuidarse y, cuando haga falta un suplemento, hacerlo con un análisis en la mano y un médico del otro lado del mostrador.

CW

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