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VIE, 18 SEPT 2026
Vida

La huerta de septiembre, un rompecabezas verde que se mira desde la ventana

Combinar aromáticas que duran años con verduras de temporada es la gran apuesta de la primavera. Claves de diseño, sol, riego y protecciones para que el jardín siga siendo lindo y, además, dé de comer.

CW
Carolina WehbeSociedad · 18 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Vine caminando desde la estación hasta la casa de Laura, una paisajista de 52 años que me esperaba con un mate y un plano del jardín abierto sobre la mesa. Quería mostrarme cómo se las arregla para que su huerta conviva con un cerco de laurel comestible, un taco de reina que trepa la reja del fondo y hasta un tendedero que, a esta altura del año, queda escondido detrás de las hojas. El recorrido empezó en la galería, mirando el patio como si fuera un cuadro, y terminó en el mismo lugar, con la diferencia de que ahora entendíamos por qué cada planta estaba donde estaba. Eso, justamente, es lo que septiembre le pide a quien quiera armar su propia huerta de primavera: pensarla antes de meter las manos en la tierra.

Pensar el espacio antes que las semillas

Antes de comprar el primer sobre de tomate o la primera bandeja de plantines, conviene hacerse una pregunta simple: qué quiero ver desde la ventana de la cocina. Laura me lo dijo mientras señalaba un rincón donde crecen juntos el romero, el tomillo, el orégano y el laurel comestible. La idea, según me explicó, es que la huerta no sea un parche detrás de la casa sino una pieza más del paisaje. Para eso, las aromáticas que duran varios años le dan estructura al conjunto y los cultivos de temporada —tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, que son los que septiembre ofrece para sembrar— aportan el cambio de color y la rotación de cada estación. La mezcla se completa eligiendo entre semillas y plantines, según el tiempo que tenga cada uno y la paciencia que le quiera dedicar a la espera.

  • Reservá un sector fijo para aromáticas perennes: romero, tomillo, orégano y laurel comestible le dan continuidad al diseño.
  • Elegí los cultivos de temporada entre lo que septiembre permite sembrar: tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino.
  • Decidí de antemano si vas a trabajar con semillas o con plantines, porque eso cambia los tiempos y la disposición del espacio.
  • Pensá cuánto crecerá cada especie para no tapar el sol de las plantas más bajas ni bloquear una vista que querés conservar.

Con el plano todavía en la mano, Laura me llevó hasta el medio del patio y me hizo mirar hacia el norte. En la Argentina, identificar ese punto cardinal es la forma más práctica de saber dónde pega el sol con más fuerza, que es justo donde hay que poner las verduras. La regla que repite cada vez que diseña una huerta es que las plantas de huerta necesitan al menos medio día de exposición solar directa. Después, caminamos hasta la canilla más cercana: tiene una manguera corta y, según me contó, en primavera y verano la evaporación y la transpiración se disparan, así que acercar el agua es parte del diseño y no un detalle menor. Cuando esos dos puntos están resueltos, recién aparece el juego de alturas, formas y colores que vuelve lindo al conjunto.

Ahí fue cuando me mostró el truco que más me gustó: el laurel comestible plantado en línea para armar un cerco que oculta el tendedero, y el taco de reina apoyado sobre el alambrado del fondo, con sus flores amarillas, anaranjadas o rojizas según la variedad. Cada especie, me insistió, tiene que elegirse pensando en cómo va a quedar cuando crezca, no en cómo se ve en el vivero el día que la compramos.

Antes de irnos, Laura abrió una red que cubre parte del cantero de las frutillas y me aclaró por qué está ubicada donde está. Las frutillas suelen necesitar una red contra los pájaros, y si ese sector se ubica fuera del primer plano visual, la cobertura se integra al diseño sin romper la estética. Bajo la tierra, el compost y el humus de lombriz se reparten en el suelo y en las macetas para mejorar la estructura y aportar nutrientes, algo que en primavera rinde especialmente bien porque las plantas están en pleno arranque.

“Los productos fitosanitarios que se usen en todo el sector tienen que estar aprobados para cultivos comestibles, incluso cuando se apliquen sobre las plantas ornamentales cercanas. En una huerta mezclada no hay división química posible: lo que cae sobre una flor puede terminar en una verdura.”Laura, paisajista de 52 años

Volvimos a la galería y nos quedamos un rato mirando el patio desde la misma ventana con la que habíamos empezado. El tendedero ya no se veía, las flores del taco de reina se mezclaban con el verde del laurel y, entre los aromáticos, asomaban los primeros plantines de tomate que Laura pensaba mudar la semana siguiente. Era la mejor manera de resumir lo que septiembre le pide a una huerta: un poco de plano, un poco de sol bien ubicado y la decisión firme de que comer y mirar no tienen por qué ser cosas separadas.

CW

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