La esquina de San Telmo donde Mafalda sigue sacando fotos
La estatua de Chile y Defensa es punto de reunión para turistas y vecinos. La caminata puede extenderse por la feria dominical, donde el personaje aparece en cerámicas, mates y muñecas tejidas, aunque hay que prestar atención a las frases apócrifas.
Llegué a la esquina de Chile y Defensa pasadas las diez de la mañana del domingo y todavía había cola para la foto. Un grupo de chicas de unos veinte años esperaba con el celular en alto, una pareja de turistas brasileños le pedía a un señor que les sacara una imagen juntos y un nene de unos cinco años se negaba a soltar la mano de su mamá mientras miraba la escultura con esa mezcla de desconfianza y curiosidad que tienen los chicos cuando se topan con un personaje que conocen de los dibujitos pero nunca habían visto en tamaño real. Yo me quedé un rato en la vereda, observando el movimiento, y enseguida entendí por qué Mafalda sigue siendo, casi medio siglo después de su primera aparición, una atracción callejera: la gente la busca, la reconoce y se emociona al verla.
La historia de cómo llegué hasta acá empieza en una recomendación informal que me pasó una colega del portal. Me dijo que si quería entender por qué San Telmo sigue siendo un paseo obligado para los amantes de la historieta argentina, la cita era en esa esquina, donde se levanta la estatua de la nena creada por Joaquín Salvador Lavado, Quino, como parte del Paseo de la Historieta porteño. Fui un domingo a la mañana, con la idea de combinar la foto con una recorrida por la feria que se arma sobre Defensa entre Chile y Estados Unidos, y terminé pasando un par de horas caminando entre puestos, estatuas y sorpresas.
Una esquina que funciona como punto de encuentro
El primer dato útil para quien quiera organizar la salida es la dirección: Chile y Defensa. Allí está la escultura principal, la que todo el mundo quiere llevarse de fondo. La espera para la foto es parte del movimiento alrededor de la obra, y conviene tenerla en cuenta al armar la recorrida: no hay un tiempo de fila informado, pero por lo que vi durante la mañana hay que armarse de cierta paciencia, sobre todo al mediodía, cuando se cruzan los turistas que bajan de los hoteles de Monserrat con los vecinos que salen a comprar artesanías.
- La parada obligada es la estatua de Chile y Defensa, donde se concentra la fila para la foto.
- La feria dominical sobre Defensa ofrece cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas con la imagen del personaje.
- En los comercios de la zona se instalaron otras estatuas que permiten sumar encuentros a la caminata.
- Hay que prestar atención a las frases impresas en los recuerdos: algunas no fueron escritas por Quino.
- El universo de la historieta se completa con Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad, que fueron apareciendo con el tiempo.
Cuidado con las frases que Mafalda nunca dijo
Algo que me llamó la atención mientras recorría los puestos es la proliferación de objetos con supuestas frases del personaje. En varios locales vi tazas, imanes y cuadernos con sentencias que Mafalda jamás dijo en las tiras, atribuidas al personaje como si fueran de su autoría. Ver su cara en un objeto no garantiza que el mensaje provenga de las historietas originales. Para no caer en la trampa, conviene recordar que las frases que circularon históricamente son producto de crisis argentinas y fueron reproducidas sin chequear, un fenómeno que se repite cada vez que un personaje popular se vuelve merchandise.
“Para mí, lo más lindo de Mafalda es la complejidad de sus personajes. No son planos: tienen contradicciones, tienen defectos, tienen cosas que uno quiere y cosas que detesta. Y además, Quino fue metiendo los temas del mundo en las tiras: la guerra, la ecología, la desigualdad, la relación con los adultos. Eso la vuelve una historieta que se puede compartir con los chicos, pero que los grandes también la leen distinto a medida que pasan los años.”Tute, humorista gráfico
Antes de irme pasé otra vez por Chile y Defensa. La cola se había estirado, un señor de unos setenta años le explicaba a su nieto quién era la nena de la escultura, y una chica se sacó una selfi con una sonrisa enorme. Volví a la vereda de la esquina donde arranqué la mañana y entendí que Mafalda sigue siendo, para turistas y vecinos, una excusa perfecta para juntarse en una calle del barrio y volver, aunque sea por un rato, a la infancia compartida de las historietas argentinas.
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