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SÁB, 19 SEPT 2026
Turismo

El guiso que se arma con dos latas y media hora de paciencia

Garbanzos cocidos y zamburiñas en salsa de vieira se combinan en una receta caliente, sabrosa y sin complicaciones, pensada para resolver una comida entre semana sin resignar sabor.

CW
Carolina WehbeSociedad · 19 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Lo descubrí un lunes a las siete de la tarde, con la cocina ya oscurecida y cero ganas de improvisar nada demasiado elaborado. En la alacena quedaban dos latas que llevaba meses mirando sin decidirme: una de garbanzos ya cocidos y otra de zamburiñas en salsa de vieira. Las junté casi sin pensar y, media hora después, tenía en la mesa un guiso caliente que olía a domingo. Esa casualidad se transformó en una receta a la que vuelvo cada vez que el cuerpo pide comida de olla pero el reloj no se apiada.

El punto de partida: dos ingredientes que ya vienen listos

La gran ventaja de este plato es que no hay que pensar demasiado antes de empezar. Los garbanzos están cocidos y las zamburiñas vienen en su propia salsa de vieira, así que el trabajo pesado ya está hecho. Para completar la preparación hacen falta cebolla, ajo, tomate rallado, aceite de oliva, comino, laurel, pimentón dulce y un chorrito de vino blanco. Reunir todo lleva menos de diez minutos, que es exactamente lo que dura el ablandamiento de la cebolla a fuego bajo, el primer paso de la receta.

Mientras la cebolla se cocina, no hay que apurarla: el fuego bajo y un poco de paciencia hacen que se transparente y se ponga tierna sin quemarse. Recién cuando está en ese punto se suma el ajo picado, que necesita apenas unos segundos para soltar su aroma antes de que llegue el tomate rallado. Esa pasta roja tiene que quedarse al fuego hasta perder el agua que trae, lo que concentra el sabor y evita que el guiso termine desabrido.

  • Sofreír cebolla en aceite de oliva a fuego bajo hasta que se ablande y transparentar.
  • Sumar ajo picado y cocinar unos segundos hasta que desprenda aroma.
  • Incorporar tomate rallado y dejarlo al fuego hasta que pierda el agua.
  • Agregar un chorrito de vino blanco y dejar evaporar un par de minutos.
  • Condimentar con comino, una hoja de laurel y pimentón dulce.
  • Sumar los garbanzos con algo de agua o caldo y cocinar a fuego medio unos minutos.
  • Incorporar las zamburiñas con su salsa solo al final, un par de minutos para que se calienten sin endurecerse.

El paso clave: los mariscos al final y nada más

Hay un detalle que conviene respetar a rajatabla: las zamburiñas, al igual que cualquier conserva de mariscos, ya están cocidas. Si se las somete a una cocción larga se endurecen, se secan y pierden la textura suave que tienen cuando uno abre la lata. Por eso se incorporan al guiso en el último tramo, junto con la salsa de vieira que traen, y se les da apenas un par de minutos de calor. Es tiempo suficiente para que se templen y para que su salsa se mezcle con el resto de la preparación.

El aderezo que cambia todo

Mientras el guiso termina su cocción, conviene picar ajo y perejil bien finitos y mezclarlos con aceite de oliva virgen extra en un cuenco aparte. Ese aderezo crudo, verde y aromático, se distribuye sobre cada plato al servir, sin pasar por el fuego. El contraste con el guiso caliente es lo que termina de redondear la receta: la legumbre y los mariscos dan cuerpo, y el aceite de ajo y perejil aporta la frescura que a veces falta en los platos de olla.

Cómo servirlo y con qué acompañarlo

El guiso se banca solo como plato principal, pero si sobra salsa, conviene tener pan a mano porque esa parte líquida, con el sabor del vino blanco y la vieira, es donde se concentra lo mejor. Para quienes gustan de maridar, un albariño gallego con buena acidez corta la untuosidad del plato y acompaña sin competir. El cuerpo pide cuchara y la cocina lo agradece: con dos latas y media hora de trabajo queda una comida caliente, rendidora y con sabor a puerto, algo que en Buenos Aires, lejos del mar, siempre se extraña un poco.

CW

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