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DOM, 20 SEPT 2026
Vida

El arte de madrugar empieza la noche anterior: claves de la Clínica Mayo para ajustar el reloj sin perder sueño

Reorganizar la madrugada empieza por aceitar las horas que vienen después del atardecer. Constancia, luz natural y pequeños rituales pueden convertir al insomne de siempre en un madrugador funcional, aunque el cambio conviene hacerlo de a poco.

CW
Carolina WehbeSociedad · 20 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo confieso: durante años formé parte del club de los que renegaban del despertador. Por eso, cuando me topé con las recomendaciones que difunde la Clínica Mayo sobre cómo levantarse más temprano sin transformar la vida en una siesta interminable, sentí que alguien, en algún consultorio de Estados Unidos, me había leído el pensamiento. Y lo que descubrí es que madrugar no se decide a las seis de la mañana, con un dedo todavía torpe buscando el botón de snooze, sino mucho antes, en una serie de decisiones que empiezan cuando el sol empieza a caer.

La noche es el verdadero punto de partida

Antes de pelearse con la alarma, conviene tener la ropa lista, el desayuno medio organizado y una idea clara de cuál será la tarea prioritaria del día. Esa pequeña coreografía previa reduce la cantidad de decisiones que el cerebro debe tomar cuando todavía está en modo piloto automático. La idea, dicen los especialistas, es darle al cuerpo y a la mente un motivo concreto para levantarse: leer unas páginas, dar una vuelta a la manzana, tomar el primer café con tiempo. Cualquier excusa buena sirve, siempre que sea genuina.

  • Elegir un horario de despertar posible de sostener todos los días, incluidos los fines de semana.
  • Calcular hacia atrás cuántas horas de sueño se necesitan y fijar la hora de irse a la cama.
  • Abrir las cortinas apenas suena la alarma para que la luz natural entre al dormitorio.
  • Reducir pantallas y luces fuertes en las horas previas al sueño.
  • Reservar la siesta para temprano y corta, lejos del horario nocturno.
  • Cuidar la alimentación y evitar el café, el alcohol y la nicotina en las horas previas a dormir.

Hablemos de números, porque ahí aparece una de las claves que más sorprenden. Una revisión sobre sueño y ritmos circadianos advierte que la mayoría de las personas adultas necesita al menos siete u ocho horas de descanso por noche para funcionar bien. Eso significa que si la nueva meta es cruzar el umbral de la cocina a las seis de la mañana, la luz de la lámpara debería apagarse, como muy tarde, pasadas las diez de la noche. Por supuesto, cada cuerpo tiene sus propias cuentas y hay quienes necesitan seis y quienes precisan nueve, pero la base se mueve en ese rango.

De a poco, como las buenas reformas

Si la diferencia entre el horario actual y el propuesto es enorme, la Clínica Mayo sugiere encarar el cambio de manera gradual, corriéndolo unos minutos por día hasta alcanzar la nueva rutina. La constancia, coinciden los expertos, es el gran regulador de los ritmos circadianos: acostarse y levantarse a horarios parecidos durante la semana laboral y los días libres evita que el reloj interno sufra un jet lag cada viernes. A veces uno escucha el consejo y asiente sin más, pero la verdad es que sostenerlo es donde está la diferencia entre mejorar el descanso y acumular frustración.

Hay un detalle que me llamó particularmente la atención: la luz funciona como una suerte de director de orquesta del reloj biológico. Las investigaciones que repasaron los especialistas indican que la exposición matinal a la luz natural tiende a adelantar el reloj, mientras que la iluminación del atardecer y de la noche tiende a retrasarlo. Por eso, abrir las cortinas apenas suena la alarma no es un gesto decorativo: es una señal concreta para el cerebro de que el día empieza, y de que conviene poner el cuerpo en marcha. A la inversa, conviene empezar a bajar las persianas y atenuar las luces del living cuando se acerca la hora de dormir.

“Si después de sostener durante varias semanas horarios estables y los hábitos de higiene del sueño, las dificultades para descansar, los despertares frecuentes o una somnolencia diurna intensa persisten, conviene consultar a un profesional de la salud.”Mayo Clinic

Vuelvo a la escena del principio, esa cocina todavía a oscuras, el ruido del despertador clavándose en un oído medio dormido. Lo que aprendí mientras escribía esta nota es que esa pelea matinal se gana —o se pierde— la noche anterior, con cada decisión chica que uno toma sin darle demasiada importancia. Madrugar, me queda claro, no es un acto de heroísmo individual sino una construcción doméstica: ropa lista, cena liviana, cortinas abiertas, teléfono lejos. La constancia hace el resto. Y si no alcanza, siempre queda el recurso de pedir ayuda, porque hay problemas de sueño que merecen más que un buen artículo y un café bien cargado.

CW

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