Cuando el cansancio y el insomnio de las mujeres esconden algo más que estrés: la apnea silenciosa que pocos diagnostican
El agotamiento diurno, el dolor de cabeza matinal y la dificultad para sostener el sueño pueden ser manifestaciones de apnea obstructiva en mujeres, un trastorno que suele pasar inadvertido porque los ronquidos fuertes no siempre aparecen. Especialistas alertan que los cuestionarios y las pruebas domiciliarias pueden no alcanzar para detectarlo y recomiendan insistir con la consulta médica si los síntomas persisten.
Aquella mañana, en el consultorio de Neumología del Hospital de Clínicas, una mujer de unos 52 años me miró con los ojos cansados y me dijo algo que se me quedó grabado: "Llevo años levantándome destrozada, pensé que era la menopausia, hasta que mi hija me escuchó roncar un domingo a la siesta y casi me lleva a la guardia". Esa escena, mínima y doméstica, es probablemente la más repetida entre las miles de pacientes mujeres que conviven con apnea obstructiva del sueño sin saberlo. Y es la que me decidió a escribir esta nota.
Porque una de las trampas más silenciosas de este trastorno es que en las mujeres se presenta con una cara distinta a la que estamos acostumbrados a leer en los manuales. No siempre aparecen los ronquidos fuertes, no siempre hay ahogo nocturno y, sin embargo, el cuerpo está pagando un precio enorme durante la noche. El cansancio durante el día, el dolor de cabeza matinal, la dificultad para empezar a dormir o sostener el sueño y los cambios de ánimo pueden confundirse fácilmente con estrés, con la menopausia o con un insomnio de toda la vida. Una revisión reciente sobre el tema estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría carecer de diagnóstico, y que hasta un 40 por ciento no refiere las manifestaciones más reconocidas, entre ellas los ronquidos intensos y el ahogo nocturno. Es decir: la mayoría está ahí afuera, agotada, sin saber por qué.
Qué pasa cuando los estudios de cabecera no alcanzan
En la práctica, la primera línea de detección suele ser un cuestionario que cruza datos como edad, peso, presión arterial y contorno del cuello para estimar el riesgo. Esas herramientas son útiles, pero tienden a identificar menos casos entre mujeres, justamente porque el cuadro clínico no encaja del todo con los patrones clásicos. A eso se suma que algunas pruebas hechas en el hogar pueden registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, incluidas las que se concentran en la fase REM del sueño, que es cuando el cuerpo sueña y los músculos se relajan al máximo. Entonces, si el malestar continúa y un resultado inicial no muestra alteraciones, no hay que dar por descartada la apnea. El paso siguiente suele ser un estudio nocturno en un centro especializado, donde se observan de manera continua la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso.
Por qué el cuerpo se frena una y otra vez
Lo que ocurre durante la noche es bastante concreto: la garganta reduce o bloquea repetidamente el paso del aire, el oxígeno disminuye y el organismo responde con despertares breves que muchas veces no se recuerdan. Al otro día, lo que queda es el cansancio, la niebla mental, el dolor de cabeza y la irritabilidad, como me contó Mariana, 48, docente universitaria: "Yo decía que estaba re agotada, me hacían estudios de todo, anemia, tiroides, nada. Hasta que un día me quedó mirando la neumonóloga y me preguntó si me despertaba con la boca seca. Ahí arrancamos a investigar el sueño". El trastorno se asocia, además, con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, por lo que la evaluación suele ser integral y no se limita a la respiración.
Embarazo, menopausia y otros momentos de riesgo
- Durante el embarazo puede aparecer apnea o empeorar un cuadro previo; el abordaje debe coordinarse entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño.
- Si hay una cirugía prevista, corresponde informar al equipo médico, ya que algunos procedimientos y anestesias pueden verse afectados por el trastorno.
- La CPAP, que mantiene abierta la vía respiratoria mediante presión de aire, es uno de los tratamientos más estudiados, aunque su indicación la define el profesional según cada caso.
- La menopausia es otro punto de inflexión: los cambios hormonales y la redistribución del peso favorecen el estrechamiento de la vía aérea.
- Los antecedentes familiares de apnea, el sobrepeso y el tabaquismo aumentan el riesgo y conviene tenerlos en cuenta a la hora de consultar.
Antes de cerrar esta nota volví a pensar en aquella mujer del consultorio, en su cara de alivio cuando le dije que lo que le pasaba tenía nombre, que no era culpa de la edad ni del carácter. Y me quedé con una idea que me parece importante compartir: en las mujeres, la apnea obstructiva del sueño suele ser más silenciosa que ruidosa, más cansancio que ronquido, más insomnio que ahogo. Por eso, si el cuerpo viene avisando hace tiempo con sueño diurno, dolor de cabeza al despertar y dificultad para dormir, vale la pena insistir en la consulta, pedir una evaluación específica del sueño y no conformarse con que el primer estudio "haya salido bien". A veces, lo que falta no es un diagnóstico fácil: es una segunda mirada.
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