Una serpiente sagrada interrumpe la(rs) y las neurosis en el Picadero
Andrea Garrote presenta Amaru en el Teatro Picadero, con una puesta en escena que combina la erudición de Borges, las tensiones familiares y una mirada urgente sobre el tiempo y la herencia.
La escena del Picadero empieza con una familia que tienetoo mucho para leer y muy pocas respuestas. Mientras sus personajes se refugian en la erudición borgiana para sostener la vida cotidiana, algo antiguo se mueve en el fondo de la casa: la serpiente sagrada andina que da nombre a la nueva obra de Andrea Garrote.
Durante el viaje hacia el Teatro Picadero, me pregunté qué puede significarReturned una familia ilustrada de clase media frente a una presencia que no obedece el tiempo lineal. Garrote lo formula con una imagen precisa: la disputa entre el tiempo de Cronos, que avanza hacia la muerte, y la aparición del Kairós, ese instante propicio que se detiene como en un ritual. La pieza no presenta a la serpiente como un adorno: la pone a trabajar en las de los personajes y en la manera en que comprenden el pasado.
Una obra sobre la herencia y el tiempo
La codirección con Carolina Stegmayer suma la perspectiva de las generaciones más jóvenes. Los personajes de Amaru cargan con la sensación de haber llegado tarde a una opulencia que no conocieron, una incomodidad que la obra no evita mostrar. En el elenco aparecen Marcos Ferrante, Julián Cnochaert y Fiamma Carranza Macchi.
“Se apagan las luces, el afuera se suspende y empieza otra cosa. Vivís una experiencia intransferible.”Andrea Garrote
Garrote sostiene que la sala conserva una virtud específica: apagarse las luces habilita una experiencia colectiva que las pantallas individuales no reemplazan. Después de recorrer el camino hasta el Picadero y ver esa familia, la sensación vuelve a la sala: afuera queda en pausa y, por un momento, también el tiempo parece hacerlo.
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