Tres clásicos, tres golpes al estómago: Filmin rescata a Dreyer, Kubrick y Coppola en un mismo catálogo
La plataforma suma dramas, sátiras y cine de mafia en una selección que atraviesa casi un siglo de historia del cine. Un juicio medieval, el vértigo nuclear y la violencia organizada como negocio familiar.
A veces uno se sienta frente al catálogo de una plataforma esperando encontrar la última pavada de superheroes y, de golpe, se topa con Juana de Arco en llamas, un general enajenado a punto de apretar el botón rojo y un Padrino que te explica por qué tu familia también es un negocio. Eso es justamente lo que pasa con la nueva selección de Filmin: un recordatorio de que el cine clásico no es una pieza de museo, sino una fábrica de escenas que todavía te sacuden la silla.
La recorrida agrupa títulos de distintas décadas y géneros, pero la puerta de entrada más razonable son tres películas que condensan, cada una a su manera, una forma distinta de mirar el mundo. Las tres están disponibles ahora y las tres sirven como mapa para perderse después en el resto del catálogo.
Una santa filmada como si fuera un documental judicial
La pasión de Juana de Arco, de 1928, es la rareza de la lista. Carl Theodor Dreyer la rodó en silencio, casi sin decorados, con la cámara pegada a la cara de Maria Falconetti hasta convertirle el rostro en un campo de batalla (se nota que el tipo no confiaba mucho en los efectos especiales). El resultado es un juicio medieval que se siente extrañamente actual, como un streaming de un expediente judicial donde la acusada no tiene manera de zafar. La acompañan Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y un Antonin Artaud que ya se perfilaba como alguien incómodo de verdad.
El apocalipsis como comedia
Si Dreyer trabaja con el dolor en primer plano, Kubrick hace exactamente lo contrario: se ríe mientras el mundo se prende fuego. ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de 1964, sigue siendo, sesenta años después, la mejor sátira sobre la locura nuclear que se haya filmado. Peter Sellers haciendo tres papeles, George C. Scott con cara de que le duele la patria y Sterling Hayden mirando el abismo con un bigote que también es una declaración política. Verla hoy, con cualquier noticiero de fondo, es una experiencia casi terapéutica.
La familia como empresa criminal
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