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DOM, 11 OCT 2026
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Miyazaki viajó a Suecia por una pelirroja y volvió con las manos vacías (y con ideas para décadas)

Antes de fundar Studio Ghibli, el director japonés quiso llevar a Pippi Calzaslargas al animé. Astrid Lindgren le dijo que no. Lo que quedó de ese rechazo terminó dibujando buena parte de su obra.

GP
Gwen PritchardCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Miyazaki viajó a Suecia por una pelirroja y volvió con las manos vacías (y con ideas para décadas)

Dicen que no hay mejor motor para un artista que un portazo bien dado. Hayao Miyazaki se tomó seis mil kilómetros para ir a buscarlo y, según parece, le terminó rindiendo más el rechazo que la firma del contrato. La historia es delirante: en 1971, el futuro fundador de Studio Ghibli viajó a Suecia con la misión casi sagrada de conseguir los derechos de Pippi Calzaslargas para convertirla en serie de animé. Y la dueña de los derechos, Astrid Lindgren, lo mandó a paseo.

Un viaje en busca de una pelirroja

Miyazaki venía de pegar el garrón comercial con Las aventuras de Hols, el príncipe del sol en Toei Animation. Junto con su socio Isao Takahata recaló en A-Pro, un estudio chico que quería desmarcarse de la animación televisiva de la época. La chance de hacer algo distinto, algo con peso, apareció con las novelas de la nena pelirroja más famosa del norte de Europa. Para Takahata, además, era una forma de discutir la tradición de la literatura infantil, esa que suele tratar a los chicos como si fueran un proyecto a corregir.

“Fue algo extraordinario para nosotros. La oportunidad de hacer algo significativo y no solo televisión.”Hayao Miyazaki

Así que el japonés se mandó a Visby con la carpeta bajo el brazo. Caminó por los paisajes suecos, los miró con ojos de dibujante y se llevó una imagen de Europa que, spoiler mediante, iba a quedar archivada en su cabeza por mucho tiempo. Pero la negociación con Lindgren fue un fracaso. La escritora había quedado escamada con una adaptación cinematográfica de Pippi que se había hecho en 1949 y, para colmo, miraba con recelo a la animación japonesa, a la que veía como un territorio demasiado violento para sus historias.

  • El periplo fue en 1971, cuando Miyazaki todavía no había fundado Studio Ghibli.
  • El material que había juntado para Pippi terminó reciclado en otro proyecto.
  • Buena parte reapareció en Las aventuras de Panda y sus amigos (1972), con una protagonista traviesa y pelirroja llamada Mimiko.
  • Esa película tuvo secuela al año siguiente.
  • Décadas después, los paisajes de Visby reaparecieron en la pantalla grande.

El rechazo como banco de ideas

Lindgren le cerró la puerta, pero le dejó la valija llena. Los bocetos y la investigación de campo que Miyazaki había preparado para Pippi no terminaron en un cajón: buena parte de esas ideas se reconvirtieron en Las aventuras de Panda y sus amigos, el mediometraje de 1972 que Takahata dirigió y que Miyazaki escribió. La protagonista, Mimiko, era una nena curiosa y desobediente con el pelo rojo, una versión sospechosamente parecida a la Pippi que nunca se hizo. Si uno la mira con cuidado, parece el borrador de un personaje que después iba a aparecer muchas veces en la filmografía del estudio.

Y la cosa no quedó ahí. Dieciséis años después del portazo, Miyazaki volvió a usar esos paisajes suecos como referencia visual para la película Nicky, la aprendiz de bruja (1989), basada en la novela de Mary Norton. O sea: una puerta cerrada en 1971 terminó abriendo, en cuotas y sin que la dueña lo supiera, varias de las películas más queridas del animé de las últimas décadas. Es, si se quiere, el mejor ejemplo de que a veces el no más caro es el que más rinde.

Recomendación sin vueltas

Si te copa Miyazaki y nunca viste Las aventuras de Panda y sus amigos, dedicate una tarde a buscarla. Es rara, es de bajo presupuesto y se nota. Pero ahí, en esa rareza, está la semilla de casi todo lo que vino después. Y la próxima vez que alguien te diga que no, acordate del japonés que se subió a un avión para escuchar ese no en persona y volvió con material para de carrera.

GP
Gwen PritchardCultura y espectáculos

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