Messi se va de la selección y deja abierta la pregunta: qué les contamos a los chicos cuando ya no esté
El retiro del capitán de la selección argentina reordenó la rutina de miles de familias. Especialistas y un libro reciente proponen convertir esa despedida en una charla concreta sobre esfuerzo, error y vínculos.
Eran pasadas las diez de la noche cuando vi el teléfono encenderse con mensajes cruzados, audios de WhatsApp de amigas y hasta el grupo familiar ardiendo con la misma noticia: Lionel Messi anunciaba su retiro de la selección argentina. Lo que me llamó la atención no fue el dato en sí, que ya se rumoreaba desde hacía meses, sino la velocidad con la que la conversación se desplazó del fútbol a otra cosa. En la mesa, mi hija de nueve años preguntó qué iba a pasar ahora que el diez no jugaba más con la celeste y blanca, y de pronto la sobremesa se transformó en algo mucho más grande que un resultado deportivo.
Porque lo que terminó anoche no fue solamente la etapa de un futbolista con la camiseta de un seleccionado. Fue el cierre de algo que acompañó a varias camadas de argentinos en momentos muy distintos de sus vidas: chicos que lo vieron debutar en 2005 siendo apenas más grandes que él y que hoy son padres; nenes que crecieron con sus goles en el Mundial de Qatar y que recién ahora empiezan a entender por qué a los adultos se les humedecen los ojos cuando se menciona su nombre. La despedida del capitán reordenó la rutina de miles de familias y dejó abierta una pregunta incómoda pero necesaria: qué hacemos con todo eso que se fue cuando ya no esté.
Un libro que se adelantó a la despedida
Lo curioso es que la respuesta a ese interrogante ya estaba parcialmente escrita. Verónica de Andrés y Florencia Andrés, madre e hija, publicaron este año ¡Messirve! (Ediciones B), un libro que tomó la figura del rosarino como hilo conductor para trabajar valores con chicos y adolescentes. No se trata de un panfleto ni de una biografía convencional, sino de un intento por traducir a la vida cotidiana algo que la mayoría de los argentinos intuye pero no siempre sabe cómo nombrar: cómo se transmite la perseverancia, la humildad y el trabajo sostenido a partir de un caso que los propios chicos reconocen.
- El talento es visible, la disciplina no: Messi dijo una vez que su «éxito de la noche a la mañana» le llevó 17 años y 114 días. La frase, dicha sin dramatismo, sirve para mostrarles a los chicos que detrás de cada resultado existe una historia invisible.
- El error como parte del recorrido: el diez no ganó siempre ni jugó bien en todos los partidos. Esa realidad, incómoda para los adultos, es una herramienta concreta para enseñarles a los hijos que la excelencia no es perfección sino la pregunta sobre cómo mejorar la próxima vez.
- La familia como ancla: en distintas entrevistas Messi mencionó a Antonela, a sus hijos y a sus padres como los reguladores de su estado de ánimo. Esa cercanía puede ser el punto de partida para conversar en casa sobre los vínculos que nos contienen.
- El equipo antes que el individuo: el capitán insistió en que sin sus compañeros no habría logrado nada. Para un chico que juega en grupo, ya sea en una cancha o en cualquier otro ámbito colectivo, esa idea tiene un peso enorme.
Lo que me resulta valioso de este enfoque es que no idealiza al personaje. No lo convierte en un santo ni en un superhéroe, sino que toma lo concreto: cómo reaccionó frente a las críticas más feroces, cómo habla de sus viejos, cómo define el éxito. Hay una escena que las autoras rescatan y que a mí me parece especialmente útil para los chicos: la del chico que llegó desde Rosario con trece años, que lloraba en el vestuario del Barcelona las primeras semanas, que aprendió a comer lejos de su casa y a manejar la frustración de estar lejos. Nada de eso sale en los resúmenes de los partidos, pero es exactamente lo que un padre o una madre puede contarle a su hijo cuando este se enfrente a algo nuevo que le da miedo.
Qué hacer con la nostalgia esta semana
En las próximas semanas, mientras dure la despedida, miles de familias argentinas van a mirar partidos viejos, van a repetir goles en el living y van a ver alguna entrevista repetida hasta el hartazgo. Lejos de evitarlo, los especialistas recomiendan dejarse llevar por ese clima. La pregunta no es si vamos a hablar del tema con los chicos, porque claramente lo vamos a hacer, sino qué les vamos a decir. La oportunidad es concreta: tenemos a mano un caso conocido, con nombre y apellido, del que cualquier chico puede señalar algo que le guste o que no entienda, y eso ya es una conversación valiosa.
Cuando volví a mirar el teléfono, mi hija ya se había dormido con la camiseta de la selección puesta. Mañana a la mañana, cuando le prepare el desayuno, sé que la pregunta va a seguir ahí, latiendo, esperando una respuesta que no tiene por qué ser perfecta. Alcanza con que sea honesta, cercana y, sobre todo, compartida. Porque al final, lo que Messi dejó en la cancha termina siendo un mapa enorme para hablar de la vida, y todavía nos queda muchísimo por charlar.
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