Mermelada de moras casera: la receta con manzana y limón que te salva el desayuno
Una preparación casera para sumar a tostadas, yogur o queso fresco, con un truco clave para sacarle las semillas a las moras y una cocción corta en cacerola.
¿A quién no le pasó con las moras silvestres? Comprás (o te traen) una bandeja llena, las lavás con cuidado y, cuando mordés una, te topás con las pepitas que arruinan el momento. La buena noticia es que hay una manera sencilla de transformarlas en una mermelada suave, sin semillas y con un punto de sabor que aporta la manzana. La mala: la receta original no te dice cuánta azúcar ni cuánta agua usar, así que hay que manejarse con lo que el sentido común indique.
Lo que sí te dice la receta y lo que no
El material de base aclara dos pesos que sirven como ancla: unos 525 gramos de moras ya trituradas y coladas, y alrededor de 175 gramos de manzana rallada. Con eso en la cabeza, ya tenés la proporción de frutas para arrancar. Lo que falta a propósito son las cantidades exactas de azúcar, agua y la cantidad inicial de moras, manzanas y limones, un dato que cualquier cocinero avezado resuelve empezando con menos azúcar y subiendo, o midiendo el jugo de limón a ojo. La idea, según el procedimiento, es llegar a una mezcla equilibrada y no empalagosa.
El paso que marca la diferencia: sacar las semillas
Acá está el corazón de la receta. Una vez que triturás las moras con un poco de agua usando una batidora de mano o un robot de cocina, tenés que colar el puré por un colador de malla fina. La técnica es simple: con un cucharón, presionás y movés la mezcla contra la malla para que la pulpa pase y las pepitas se queden arriba. Es el mismo principio que cuando colás una salsa de tomate para que no queden trocitos de piel o semilla. La diferencia es que en la mermelada de moras las semillas son bastante más molestas, así que este paso no es opcional si querés una textura pareja.
- Lavar bien las moras con agua fría y dejarlas escurrir antes de triturar.
- Triturarlas con un poco de agua hasta lograr un puré uniforme.
- Colar por malla fina con ayuda de un cucharón para retirar semillas.
- Sumar la manzana pelada y rallada con rallador grueso y el jugo de limón.
- Cocinar 30 minutos a fuego medio-bajo, revolviendo de vez en cuando para que no se pegue.
- Repartir en frascos, dejar enfriar y guardar en la heladera hasta consumir.
La manzana, dicho sea de paso, no está ahí solo para estirar la receta. Al rallarla gruesa y cocinarla junto con la fruta, aporta pectina natural, que es lo que ayuda a que la mermelada tome cuerpo sin necesidad de agregar gelatina industrial. Es el mismo truco que se usaba en las cocinas de antes, cuando todavía no existían los sobres de pectina en el super. El limón, por su parte, cumple dos funciones: equilibra la dulzura y, por su acidez, ayuda a conservar la preparación una vez guardada en la heladera.
¿Con qué te convidás esta mermelada? Las opciones clásicas son las tostadas del desayuno o la merienda, pero también funciona muy bien con una cucharada grande en un yogur natural sin azúcar, o como acompañamiento de un queso fresco. Si querés ir un paso más allá, la podés usar como capa de una tarta de queso antes de llevar al horno: el contraste entre lo ácido del limón, la fruta y la cremosidad del queso es de esos que hacen acordar a la cocina de la abuela. Como advierte la receta base, las cantidades finales de azúcar quedan a criterio de quien cocine, así que el mejor consejo es probar la mezcla a los 20 minutos de cocción y decidir ahí si le falta o si ya está en su punto.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.