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DOM, 18 OCT 2026
Vida

Menopausia, huesos y músculos: por qué sumar pesas y bandas elásticas puede cambiar el día a día

La caída de estrógeno deja al tejido óseo más vulnerable y a la masa muscular a la defensiva. Una revisión de 80 estudios con más de 5.500 participantes encontró mejoras concretas en la densidad mineral ósea de columna y cadera con entrenamiento de resistencia. La clave, dicen los especialistas, es empezar de a poco y sostener en el tiempo.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 5 min
Menopausia, huesos y músculos: por qué sumar pesas y bandas elásticas puede cambiar el día a día

Lo vi con mis propios ojos el martes a la mañana, en un consultorio del barrio de Belgrano. Graciela, 58 años, entroudeada y con carpeta de estudios en la mano, le preguntó a la médica qué podía hacer ella para no terminar como su madre, que a los 70 se fracturó la cadera por una caída doméstica y nunca más volvió a caminar sola. La profesional le respondió algo que en cualquier manual de buena salud suena lógico pero que en la práctica casi nunca se aplica: moverse. Y moverse con carga. No con la intensidad de un atleta, sino con la constancia de quien entiende que el cuerpo, a partir de cierta edad, necesita que le manden señales para no degradarse. Graciela salió con la indicación de sumar pesas, bandas y caminata, y con la sensación de que por primera vez tenía algo concreto para hacer con la información que le venía dando vueltas desde hacía meses.

Porque la menopausia, como transitarla explica cualquier persona que haya pasado por ella o la esté pasando, no es solo un cambio en el calendario hormonal. Es una recomposición silenciosa de varios sistemas del cuerpo, y dos de los más afectados son el óseo y el muscular. El estrógeno, la hormona que durante décadas funcionó como un escudo natural para el tejido óseo, deja de fabricarse en grandes cantidades. Sin ese paragolpas, los huesos se vuelven más porosos, más frágiles y más propensos a fracturarse. En paralelo, la masa muscular tiende a reducirse, y eso impacta de lleno en gestos cotidianos que muchas veces se dan por sentados.

Lo que dicen los números sobre densidad ósea

Una revisión publicada en la revista Osteoporosis International juntó 80 investigaciones y analizó los datos de 5.581 mujeres que ya habían pasado la menopausia. La conclusión, que se lee con cierta esperanza, es que el entrenamiento de resistencia tuvo un efecto favorable sobre la densidad mineral ósea en tres zonas clave: la columna lumbar, el cuello femoral y la cadera. El beneficio apareció tanto en mujeres con osteopenia como en aquellas que ya tenían osteoporosis diagnosticada, y se mantuvo tanto en programas supervisados en gimnasio como en rutinas hechas en casa. Es un dato importante porque tira abajo la idea de que para cuidar los huesos hace falta un plan sofisticado o un centro de alto rendimiento.

El concepto de resistencia, en este contexto, no es correr una maratón ni levantar pesas pensando en el espejo. Es mover los músculos contra algún tipo de carga. Esa carga puede ser el propio peso del cuerpo, una banda elástica, una mancuerna o una máquina de gimnasio. La variedad de opciones es una buena noticia, porque permite adaptar la práctica al punto de partida de cada persona: la que nunca hizo actividad, la que viene del yoga, la que arrastra una lesión de rodilla o la que simplemente no tiene ganas de pisar un club.

Fuerza que se nota en lo cotidiano

Un trabajo publicado en BMC Women's Health puso el foco en la fuerza concreta. Evaluó durante 20 semanas a mujeres de mediana edad, antes y después de la menopausia, que entrenaron con pesas libres. Todas las que completaron el programa subieron su rendimiento en sentadilla y press de banca, dos ejercicios que sirven como termómetro de la fuerza del tren inferior y superior. Los cambios en masa muscular no fueron exactamente iguales entre los grupos pre y posmenopáusicos, lo que confirma que el cuerpo responde distinto según el momento hormonal, pero también que responder, responde.

Ahora bien, de qué sirve tener más fuerza si eso no se traduce en la vida diaria. Pues ahí aparece una de las discusiones más interesantes que abrí mientras hablaba con varias profesionales. Levantar el termo del mate, cargar las bolsas del supermercado, subir las escaleras del edificio sin quedar agitada, levantarse del inodoro sin tomar impulso, sostener la postura cuando la columna empieza a protestar. Todo eso depende de músculo. Entrenar, en este sentido, deja de ser una cuestión de estética o de marca personal y pasa a ser una inversión en autonomía funcional, que es una forma elegante de decir: poder seguir haciendo sola lo que uno siempre hizo sola.

El equilibrio, ese gran olvidado

  • Sumar ejercicios de fuerza con carga progresiva: pesas, bandas elásticas o peso corporal.
  • Incorporar trabajo de equilibrio, fundamental para reducir el riesgo de caídas.
  • Mantener actividad aeróbica moderada, como caminar a buen ritmo o bailar, al menos varias veces por semana.
  • Empezar de a poco y ajustar la intensidad según la respuesta del cuerpo y el acompañamiento profesional.

Me volví del consultorio pensando en Graciela y en las miles de Gracielas que están leyendo esto. El equilibrio es, probablemente, el componente más subestimado de cualquier plan pensado para esta etapa. Trabajar la estabilidad corporal, parado sobre un pie, en puntas de pie, con ojos cerrados, en superficies irregulares, entrena al sistema nervioso y a los músculos para reaccionar cuando el piso se vuelve traicionero. Y en una población donde una fractura de cadera puede cambiarlo todo, ese entrenamiento es muchísimo más que un accesorio. Las caídas son eventos graves cuando los huesos ya están debilitados, y prevenirlas es tan importante como frenar la pérdida de densidad.

Volví a llamar a Graciela al otro día para saber cómo había arrancado. Me dijo que se compró una banda elástica en una tienda de deportes del barrio y que el martes a las siete de la tarde la esperaba su primera clase guiada. No era mucho, pero era algo. Y en el camino de vuelta, mientras el colectivo avanzaba por una avenida conocida, me quedó dando vueltas una idea que vale la pena dejar escrita: en una etapa de la vida donde tantas cosas se sienten fuera de control, mover el cuerpo con un plan simple y posible es uno de los actos más concretos de cuidado personal que existen. No es magia, no es un tratamiento milagro, es biología, constancia y una decisión que se toma un martes a la mañana, en un consultorio cualquiera, con una carpeta de estudios en la mano.

CW

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