La ruta imposible de un mecánico neuquino que vende su taller, deja a su hijo y se va en una moto chica hasta Alaska
Nicolás Poblet tiene 39 años, dirige un taller mecánico en Neuquén y en noviembre lo deja casi todo para recorrer América de punta a punta sobre una Honda Navi. Calcula entre año y medio y dos años de viaje, con la plata de la venta del taller reservada para su hijo de 17 años.
Yo me lo crucé a Nicolás Poblet una tarde cualquiera en Neuquén, charlando entre dos mateadas, y todavía me acuerdo de la cara que puso cuando le pregunté en qué andaba. Me dijo, así, con esa calma que tienen los que ya masticaron la idea un montón de veces antes de animarse a decirla en voz alta: estoy por vender el taller, me voy en una moto chica hasta Alaska. Y se reía, pero no era un chiste. Tenía 39 años, era mecánico, padre de un pibe de 17, y estaba a punto de mandarse una de esas que uno imagina de grande y termina nunca haciendo. La conversación me duró una hora y al rato ya estaba pidiendo los contactos del muchacho para escribir esta nota, porque lo que me estaba contando no era un proyecto: era una decisión tomada, con fecha de largada.
La moto, el punto de partida y la estrategia para moverse
Lo que más llama la atención es la moto. No es una viajera de manual. Es una Honda Navi, una moto chica, urbana, pensada más para moverse dentro de una ciudad que para comerse la Ruta 40 de punta a punta. Ahí, justamente, está parte del razonamiento de Nicolás: como mecánico la conoce a fondo, sabe lo que puede dar y elige no pelearla en velocidad. Calcula moverse a unos 60 kilómetros por hora, frenar donde le llame la atención el camino y, si algo se rompe, arreglarla él mismo. Sale el mes que viene con lo justo: la moto, las herramientas, un bidón extra de combustible, una carpa y un dispositivo Starlink para no perderle el rastro a su hijo Benjamín mientras esté del otro lado del continente.
- Cruza a Chile y baja por la Carretera Austral hasta Ushuaia, el punto más austral del continente.
- Sube por Argentina siguiendo la Ruta 40 hasta el norte del país.
- Entra a Bolivia, atraviesa Centroamérica y sigue por Norteamérica hasta Alaska.
- Calcula entre año y medio y dos años para llegar, sin fecha de regreso ni itinerario cerrado.
- Aproximadamente el 90 por ciento de las noches las pasará acampando, al costado de la ruta o donde encuentre un lugar seguro para plantar la carpa.
Porque detrás de la aventura está también el papá. El taller mecánico que Nicolás dirige en Neuquén está en venta y lo que recoja de esa venta lo va a dejar apartado para Benjamín, el hijo de 17, que es la mochila más pesada con la que arranca este viaje. La decisión de largarse la viene masticando desde hace años, me dijo, y lo que lo frenaba era justamente la edad del chico. Ahora que el pibe tiene mayor autonomía, padre e hijo lo conversaron, acordaron el momento y hasta quedó latente la idea de que Benjamín tome un avión hasta algún punto del recorrido para compartir un tramo juntos. Esa es, según sus propias palabras, la única preocupación real que se lleva en el bolso.
“Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él”Nicolás Poblet (39)
El 11 de octubre Nicolás cumple 40 años y pocas semanas después arranca. Para no perderle el hilo al viaje, abrió un canal de YouTube y una cuenta de Instagram bajo el nombre Astronavi, donde piensa ir documentando los lugares, los encuentros y también los días feos, los que no salen como uno espera. La plata del viaje propiamente dicho la piensa cubrir con algunos ahorros y con ingresos que espera ir generando en el camino. El taller queda para el hijo. La moto queda para la aventura. Y él, me dijo esa tarde, se queda con el resto: con la calle, con el tiempo y con la decisión, largamente madurada, de hacerlo ahora o no hacerlo nunca. Yo lo vi decirlo mirando al piso, con las manos todavía con olor a grasa, y entendí que en su caso la pregunta no era si tenía sentido o no, sino qué le faltaba para animarse. Y ya le había llegado la hora.
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