Saltar al contenido
Voz Diario
⌕ Buscar
Dólar oficial $1.540,00 0,00%Dólar blue $1.560,00 0,00%Dólar MEP $1.551,90 +0,21%Riesgo país 636 pb +4,78%
VIE, 02 OCT 2026
Vida

La presión que no avisa: cuando el cuerpo no da señales y los números cuentan la verdad

Más de doce millones de personas conviven con hipertensión en la Argentina y, en la mayoría de los casos, lo hacen sin saberlo. Medirse la presión con regularidad es la forma más concreta de anticiparse a un problema que avanza en silencio.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 4 min
La presión que no avisa: cuando el cuerpo no da señales y los números cuentan la verdad

Eran cerca de las diez de la mañana cuando entré al consultorio de Héctor, en un centro de salud del barrio de Belgrano. El lugar tenía ese olor a alcohol diluido y a café viejo que tienen los centros de atención primaria, y una fila de pacientes que avanzaba despacio. Me acomodé cerca del escritorio y vi cómo una mujer de unos cincuenta y tantos años, Marta, se sentaba frente al tensiómetro con la manga arremangada. Charlamos un rato mientras la máquina hacía su trabajo. Hacía más de tres años que no se tomaba la presión. Se la había controlado por última vez en un examen preocupacional, antes de un cambio de trabajo, y desde entonces nada. Me dijo, con esa sinceridad que aparece cuando la conversación se distiende, que se sentía bien, que por eso no había vuelto a medirse. Cuando el tensiómetro terminó, la pantalla marcó 148 sobre 92. Ella se quedó mirándola como quien lee un número que no esperaba encontrar. Ahí mismo entendí, y se lo dije después, que la escena que acababa de presenciar resumía casi todo lo que hay que saber sobre la hipertensión: una condición que puede instalarse sin dar señales y que, cuando finalmente aparece en una pantalla, suele llevar años de desarrollo silencioso.

Una condición que avanza sin dar aviso

La hipertensión arterial es una de esas dolencias que no avisan. En sus primeras etapas, no produce mareos, ni dolor de cabeza persistente, ni nada que un cuerpo acostumbrado a funcionar bien reconozca como un llamado de atención. Por eso, esperar a que aparezca algún síntoma para consultar es, en la práctica, dejar pasar el tiempo justo en el que se podría haber intervenido. Medirse la presión periódicamente no es un trámite: es la única manera razonable de conocer un dato que no se siente, y de actuar antes de que la situación se complique.

Las cifras que muestran la dimensión del problema

  • El Registro Nacional de Hipertensión Arteriel indica que el 36,3 por ciento de los adultos mayores de dieciocho años en la Argentina tiene presión elevada.
  • Son cerca de doce millones de personas, de las cuales casi cuatro de cada diez desconocen su diagnóstico.
  • Apenas alrededor del 44 por ciento de quienes ya reciben tratamiento logra mantener sus valores controlados.
  • En el plano global, la Organización Mundial de la Salud publicó en 2025 su segundo informe mundial sobre hipertensión y advirtió que mil cuatrocientos millones de adultos viven con presión elevada en el mundo.
  • Solo uno de cada cinco hipertensos en el planeta tiene su presión bajo control.

Esas cifras no son abstractas. Detrás de cada porcentaje hay un cuerpo que, en muchos casos, no recibió la información a tiempo o no tuvo acceso al control adecuado. Y acá me permito una observación que me parece importante: la dificultad no está solamente en detectar la hipertensión, sino también en sostener el tratamiento una vez que se inicia. La adherencia a largo plazo, los cambios de hábitos, el costo de los medicamentos cuando no están cubiertos y la constancia en los controles son factores que, combinados, terminan definiendo si una persona vive con la presión controlada o no.

Qué se puede hacer en el día a día

La buena noticia es que la hipertensión puede controlarse y, en muchos casos, prevenirse. No se trata de medidas heroicas ni de transformaciones imposibles, sino de decisiones cotidianas que, sumadas, cambian el panorama. Reducir la cantidad de sal que se consume a diario, mantener una alimentación equilibrada, hacer actividad física de manera regular, moderar el consumo de alcohol y atender el estrés crónico son pilares del cuidado. A eso se suma, por supuesto, la consulta médica periódica y, cuando corresponde, el tratamiento farmacológico prescrito por un profesional.

Vuelvo a la sala de espera del consultorio de Héctor para cerrar esta nota. Cuando le conté a Marta que la cifra que acababa de aparecer en la pantalla era una señal de alerta, no se angustió: se quedó pensando. Me dijo que iba a pedir un turno para hacerse los estudios que le indicaran, y que iba a volver a controlarse la presión al menos una vez por mes. Antes de irse, me miró y dijo algo que me quedó dando vueltas: «Si me lo hubiera controlado antes, hoy no estaría hablando de esto». No es la única que piensa así después de descubrir un número que no esperaba. Por eso, si hay una sola cosa que me llevo de esa mañana en Belgrano, es que tomarse la presión no es un trámite menor: es, muchas veces, la diferencia entre enterarse a tiempo y descubrir tarde. Y a los cuarenta, a los cincuenta, a los sesenta, ese tiempo vale mucho.

CW

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo