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VIE, 09 OCT 2026
Vida

La nueva rutina de Luli Fernández después de los 40: cómo reorganizó su vida entre terapias, entrenamientos y tardes de mate en casa

La modelo y conductora atravesó una separación tras 14 años de pareja y, a los 38, decidió volver a armarse una jornada con espacios vacíos. Madrugones con su hijo de siete años, musculación con profesor, nutricionista y cinco modalidades terapéuticas distintas. Un recorrido por el día a día de alguien que aprendió a elegir quedarse quieta.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 4 min
La nueva rutina de Luli Fernández después de los 40: cómo reorganizó su vida entre terapias, entrenamientos y tardes de mate en casa

A las seis de la mañana, en un departamento de Recoleta, Luli Fernández ya está parada en la cocina preparando el desayuno de Indalecio, su hijo de siete años. El reloj todavía no terminó de acomodarse al horario de invierno y en la radio suena una lista que ella misma armó para el trayecto hasta el colegio. Son apenas veinte minutos de auto hasta Vicente López, pero la mañana completa se construye alrededor de ese recorrido: mientras arma el lunch, mientras charla con el chico sobre cómo le fue en el jardín, mientras le pregunta qué quiere cenar.

La rutina que Luli cuenta por estas horas es la de una mujer de 38 años que, después de separarse tras catorce años de pareja, eligió empezar de nuevo con la cabeza llena de horarios. Y, a la vez, con la decisión contraria a la que tomó durante años: no llenar los huecos del calendario. Antes, según ella misma describe, la agenda era un parche. Hoy, admite, le alcanza con menos.

Entrenamiento, comida y cinco terapias distintas

  • Tres veces por semana entrena con un profesor de musculación que la acompaña desde hace varios meses, con foco en fuerza y postura.
  • Tiene seguimiento nutricional permanente y un plan alimentario que va ajustando según los objetivos de cada etapa.
  • Hace terapia psicológica tradicional, a la que sumó terapia neural, constelaciones familiares, biodecodificación y sesiones de registros akáshicos.
  • Consulta de manera habitual a una astróloga y a una numeróloga para decisiones personales y laborales.

El listado parece largo, pero ella lo presenta como una forma de ordenarse, no de llenarse. Cada disciplina responde a un motivo distinto: la terapia tradicional la acompaña en el proceso de separación; la terapia neural trabaja sobre el cuerpo; las constelaciones y la biodecodificación bucean en lo vincular; los registros akáshicos aparecen en momentos puntuales de decisiones importantes. La astróloga y la numeróloga funcionan, en sus palabras, como una brújula complementaria para aceitar las decisiones grandes.

Trabajo, premios Martín Fierro y tardes de mate

El resto del día se lo lleva el trabajo. Conduce un ciclo de entrevistas para una plataforma digital que arrancó enfocado en mujeres y que este año sumó una edición dedicada a varones. La producción le valió una nominación a los premios Martín Fierro, un reconocimiento sectorial que la tomó por sorpresa. Después del colegio de Indalecio, según los días, se cruza a grabar, a editar o a reuniones de producción, con el mate como compañero estable.

“Hoy me doy cuenta de que necesito mucho menos para ser feliz.”Luli Fernández

Esa frase resume, según ella misma lo cuenta, la transformación más grande de los últimos meses. No fue un cambio de horarios ni de volumen de trabajo, sino de criterio. Antes, cuando quedaba un hueco en la agenda, la respuesta automática era sumar otro compromiso: una reunión extra, un evento, un viaje. Hoy, cuando Indalecio se va los miércoles y los sábados con el padre y el departamento queda en silencio, lo que elige es quedarse en casa mirando una serie, tomando mate y con sus tres perros acostados a los pies de la cama. Esa tarde quieta, que antes le hubiera parecido tiempo perdido, ahora es el centro de la rutina.

Los fines de semana en los que Indalecio está con el padre la encuentran con amigas. Salen, cenan, caminan. Pero la mayoría de los días libres los pasa adentro, a propósito, porque entendió que la recuperación personal no se construye sumando actividades, sino protegiendo el rato vacío. La crianza, mientras tanto, se profundizó: vivir sola con su hijo le permitió, dice, conversar más, escucharlo más, ajustar mejor los tiempos. Y eso, más allá de cualquier terapia, fue lo que terminó de reacomodar la jornada.

La pregunta que queda

La historia de Luli Fernández deja una pregunta que muchos lectores de entre 40 y 60 años se hacen cuando la vida los obliga a empezar de nuevo: ¿cómo se reconstruye una rutina cuando lo que se rompe es la estructura misma del día a día? En su caso, la respuesta fue doble: sumar disciplinas que ordenen cuerpo y cabeza y, al mismo tiempo, aprender a dejar huecos sin culpa. Esa combinación, que suena contradictoria en la Argentina de las agendas saturadas, parece haber funcionado en una mujer que durante años confundió estar ocupada con estar bien.

La última vez que hablamos fue por teléfono, pasadas las diez de la mañana, con el ruido de fondo de la oficina donde coordina su programa. Antes de cortar, me describió la tarde que tenía por delante: Indalecio en el colegio hasta las cinco, un rato de entrenamiento, una serie que la viene acompañando desde hace una semana y un mate con tres perros que ya saben a qué hora suena la llave. Esa imagen, la del living en silencio, es la misma con la que arranca esta nota. Y es, también, la prueba de que a veces la rutina más sana empieza por aprender a no hacer nada.

CW

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