La Antártida en dos meses: cómo es la vuelta completa al continente blanco que se anuncia para 2028
Una expedición de casi sesenta noches a bordo del Le Commandant Charcot propone recorrer 23.000 kilómetros por los mares que rodean al continente. Cuánto cuesta, qué se ve y por qué los cruceros clásicos siguen siendo la opción más elegida por los argentinos que sueñan con pisar el hielo.
Lo vi por primera vez en una foto de un compañero de la secundaria, que se fue de mochilero a Ushuaia y volvió con una imagen del Canal Beagle tomada desde la cubierta de un barco. Era una luz rara, blanquecina, que no se parecía a nada de lo que yo conocía en Buenos Aires. Aquel día entendí que la Antártida no era un destino más: era un viaje que se planifica durante años y que, para muchos, termina definiendo una época entera de la vida. Por eso me llamó la atención la noticia que llegó esta semana desde el otro lado del mundo: una compañía francesa anunció para 2028 una circunnavegación antártica de casi dos meses a bordo del Le Commandant Charcot, con la posibilidad de contratar tramos de unas treinta noches. Son 23.000 kilómetros alrededor del continente blanco, una distancia que cuesta dimensionar incluso para quienes estamos habituados a leer cifras de viajes largos.
Para ponerlo en perspectiva, vale la pena recordar cómo es la oferta más conocida. Los cruceros clásicos a la península antártica, los que salen desde Ushuaia y se venden en las agencias argentinas, duran entre diez y doce días. En ese período se concentran los avistajes de pingüinos, las maniobras entre témpanos y los desembarcos en sitios emblemáticos como la isla Decepción o Paradise Harbor. Son travesías intensas, con jornadas largas de navegación y poco margen para el ocio: la Antártida exige atención permanente. Lo que propone la nueva expedición es justamente lo contrario: convertir esa experiencia en un recorrido pausado, casi contemplativo, por sectores del continente que muy pocos visitantes pisan.
Qué diferencia hay entre un viaje corto y una vuelta completa
Jeremy Clubb, director y experto de Antarctica Cruices, de 47 años, lo explica con una imagen que me resultó muy clara cuando la leí: los cruceros clásicos trabajan sobre un área relativamente acotada, mientras que las travesías extensas permiten atravesar distintos sectores del océano y acercarse a regiones que reciben mucho menos turismo. Entre esas regiones menciona los mares de Ross, Amundsen, Bellingshausen y Weddell, cuatro nombres que suenan a expedición del siglo XIX pero que están en pleno siglo XXI, cada vez más presentes en los catálogos de las navieras de lujo.
- La barrera de hielo de Ross, una de las estructuras de hielo más grandes del planeta.
- Las cabañas históricas de la isla de Ross, vinculadas a las campañas de Scott y Shackleton.
- Sectores de reproducción de pingüinos emperador, la especie más difícil de avistar.
- Grandes extensiones de hielo marino, donde el barco navega durante días sin tocar tierra.
- Sitios asociados con la historia de la exploración polar, desde refugios abandonados hasta boyas científicas.
“Las travesías largas suelen atraer a personas que ya visitaron la península, además de fotógrafos, observadores de aves y aficionados a las ciencias polares. Su interés está en permanecer más tiempo en cada entorno, observar el hielo y seguir la fauna durante varios días, antes que acumular desembarcos.”Jeremy Clubb, director de Antarctica Cruises
El antecedente más cercano de este tipo de viajes lo protagonizó en 2025 la compañía Hapag-Lloyd Cruises, con una semicircunnavegación de 32 días a bordo del Hanseatic inspiration. El barco partió desde Ushuaia y completó el recorrido en Christchurch, Nueva Zelanda, abriendo una conexión directa entre el fin del mundo argentino y Oceanía. Para los lectores de entre 40 y 60 años que están pensando en su próximo gran viaje, esa ruta tiene una ventaja concreta: evita la vuelta por el Atlántico y permite combinar dos continentes en una sola travesía, algo que hasta hace pocos años parecía reservado a los exploradores profesionales.
Ahora bien, ¿conviene embarcarse en una circunnavegación? La respuesta, como me pasó a mí cuando empecé a investigar esta nota, depende de dos variables que no son negociables: el tiempo disponible y el presupuesto. Clubb es claro al respecto: las vueltas completas al continente seguirán siendo excepcionales por su complejidad logística y su costo, que puede superar los cien mil dólares por pasajero en cabina doble. Los itinerarios de diez a doce días, en cambio, se ajustan a las posibilidades de una mayor cantidad de viajeros y mantienen su lugar central en la oferta. Para la mayoría de los argentinos, el primer viaje a la Antártida sigue siendo ese clásico de algo más de una semana que parte desde el puerto de Ushuaia, con desembarcos diarios y noches de navegación bajo un cielo que, según me insistió aquel compañero de la secundaria, no se parece a ningún otro cielo del mundo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.