Iñárritu vuelve al delirio: Tom Cruise, un magnate y un teatro dentro del apocalipsis
Digger, lo próximo del mexicano ganador del Oscar, convierte a Tom Cruise en un actor que interpreta a un magnate en una obra financiada por su familia, en un mundo que necesita mascarillas para respirar. Acá te contamos de qué va y cómo termina, sin guardarte nada.
A esta altura, a Alejandro González Iñárritu ya no le alcanza con rodar películas: necesita montar obras de teatro dentro de ellas. Digger, su siguiente estreno, llega con una premisa tan ambiciosa como enredada: Tom Cruise interpreta a un actor que, a su vez, interpreta a un magnate en una puesta teatral. Sí, leíste bien. Dos capas de ficción, una encima de la otra, con el mundo exterior hecho pedazos. Porque si algo faltaba para esta ensalada, el escenario es una distopía post-crisis climática donde la gente sale a la calle con mascarilla, como si fuera 2021 pero para siempre.
Quién es quién en este quilombo
Cruce de planos y un Jesse Plemons que sostiene la historia familiar. Del otro lado de la lente aparece Jesse Plemons como el sobrino del magnate, el encargado de administrar el imperio de las mascarillas y, de paso, el que solventa la obra. O sea: el mismo personaje que vende los barbijos que permiten respirar afuera del teatro financia la representación de la vida de su tío. Bonito, ¿no? Como cuando tu primo te organiza el cumpleaños y te cobra el catering.
El truco (spoiler de manual) se destapa después del primer acto: lo que parecía la vida real del magnate era, en realidad, la ficción teatral. Iñárritu te hace mirar todo de nuevo con otros ojos. Como cuando te das cuenta de que estabas mirando el reflejo en la ventana y no la calle.
Cómo termina, sin vueltas
- Sobre el escenario se representa la caída y muerte de Digger, celebradas por el público presente. Aplausos y alaridos, como en cualquier función un martes a la noche.
- Cuando termina la obra, los espectadores salen con sus mascarillas puestas y se mueven con cuidado para no cruzarse con el control policial que vigila la zona. Teatro, y paranoia, todo en la misma vereda.
- La música de los créditos ofrece momentos de alivio que se cortan en seco. La intriga no termina cuando termina la película: te la llevás puesta a casa, como un delivery que nadie pidió.
Mi recomendación sin vueltas: si te gusta Iñárritu en modo maximalista (Birdman, El renacido, esa cosa), Digger va a ser tu próxima obsesión. Si te marean las capas de ficción y necesitás una trama más de manual, mejor reservate para otra noche. Pero ojo: hay algo de la relación entre escenario y mundo exterior que se te queda dando vueltas, como esas preguntas que no te podés sacar de la cabeza hasta que alguien te las contesta. Acá no hay respuestas fáciles. Y, justamente, está buenísimo.
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