Esteban Fontana, el abogado que construyó palabra por palabra un puente hacia el mundo
Nació con sordera profunda en Neuquén, atravesó una infancia atravesada por la violencia y la discriminación y, después de seis años de carrera y dos décadas de terapia fonoaudiológica, se recibió de abogado con calificación sobresaliente. La Legislatura de su provincia lo declaró de interés legislativo como el primer profesional con hipoacusia de la Patagonia.
Lo vi por primera vez en la puerta de la Legislatura neuquina, rodeado de familiares y de legisladores que se acercaban a saludarlo con una mezcla de asombro y respeto. Esteban Fontana tiene 41 años, unos ojos claros que se mueven permanentemente entre los labios de quien le habla y la carpeta que lleva bajo el brazo, y una sonrisa enorme que se nota incluso cuando todavía no llegó a su cara, porque la anticipa con todo el cuerpo. Habla pausado, modula cada sílaba como si todavía estuviera ejercitando cada palabra, y cada tanto se toca el oído izquierdo, un gesto que repite casi sin darse cuenta, como quien verifica que el sonido del mundo sigue siendo un misterio en gran parte suyo. Enseguida me contó que viajó desde su casa hasta la capital provincial con la misma expectativa de siempre: la de que alguien lo escuchara. Y esta vez, literalmente, lo escucharon.
Porque lo que acababa de ocurrir allí, en el recinto donde se sancionan las leyes de la provincia, no era un trámite burocrático ni un reconocimiento de cortesía. La Legislatura neuquina declaró de interés legislativo la historia de Esteban y lo señaló, en los fundamentos del proyecto, como el primer profesional con hipoacusia en obtener el título de abogado en toda la Patagonia. Es una manera elegante de decir lo que en realidad significa: que un chico nacido con sordera profunda, al que le dijeron de chico que casi no iba a hablar, terminó leyendo el artículo 18 de la Constitución en voz alta frente a un tribunal de tesis y se recibió con calificación sobresaliente.
Una infancia atravesada por la violencia y la discriminación
Esteban nació en Neuquén y el diagnóstico llegó cuando era un bebé. En su familia no había antecedentes de discapacidad auditiva y sus padres tuvieron que empezar desde cero, casi a tientas, a buscar profesionales, tratamientos y respuestas. Encontraron a un fonoaudiólogo que lo acompañó durante casi veinte años, una cifra que por sí sola describe la magnitud del esfuerzo. Con ese vínculo aprendió a leer, a modular, a hablar y, sobre todo, a leer los labios, una habilidad que se volvió indispensable para moverse en una ciudad donde la comunicación oral es la regla y la lengua de señas todavía convive con muchos prejuicios.
Sin embargo, la terapia no lo protegió de la calle ni de la escuela. Desde los cinco años recuerda burlas, empujones, golpes y aislamiento. Los otros niños no entendían por qué no respondía cuando lo llamaban, por qué no giraba la cabeza, por qué a veces parecía ausente. Lo que para los adultos era una dificultad auditiva, para los chicos del barrio era un motivo para dejarlo afuera. Esteban fue construyendo, a fuerza de cicatrices, esa coraza que después le sirvió para pararse frente a una audiencia y defender una tesis: la convicción de que el dolor no es un destino.
“Gracias a ese esfuerzo, aprendí a leer, a modular, a hablar, a construir palabra por palabra un puente hacia el mundo.”Esteban Fontana, 41 años
El punto de quiebre llegó a los ocho años. En medio de una de esas crisis que la infancia atraviesa como puede, fue su hermana Noelia la que se sentó frente a él y le dijo, con esa autoridad afectuosa que solo tienen los hermanos mayores, una frase que él recuerda con precisión quirúrgica: "Esperá, porque en el futuro te esperan cosas muy lindas". Esteban cuenta que esa tarde tomó una decisión que después le cambió la vida. "Me prometí que no importara cuánto sufriera, iba a superar las barreras y demostrar que podía ser alguien valioso", me dijo, mirándome fijo, como para asegurarse de que yo también estaba leyendo sus palabras en sus labios.
La escuela, la universidad y el derecho a estudiar en igualdad de condiciones
- La primaria la cursó en una escuela del barrio Copol, donde aprendió a hacerse solo frente a un sistema que no estaba pensado para él.
- La secundaria la completó repartiendo el cursado entre dos instituciones distintas, adaptándose a reglas y docentes diferentes.
- Elegió la carrera de Derecho en la Universidad Siglo 21 y la cursó durante seis años, apoyándose en el estudio autodidacta y en la ayuda de sus compañeros.
- Para la defensa de su tesis sobre maternidad en el servicio penitenciario pidió a los profesores que hablaran despacio y se recibió con calificación sobresaliente.
La Legislatura neuquina, al declarar su historia de interés legislativo, dejó por escrito una idea que a Esteban le llevó toda una vida aprender: que el mérito académico de una persona con discapacidad no debería depender de su capacidad para compensar por sí misma las barreras institucionales. En criollo: que no alcanza con que una persona hipoacúsica se esfuerce el doble para acceder a una clase o a un empleo, sino que el Estado y las instituciones tienen que remover los obstáculos que hacen que ese esfuerzo sea, en primer lugar, necesario. La declaración apunta a instalar ese debate en un país donde la accesibilidad todavía parece, para muchos, un favor y no un derecho.
Me fui de la Legislatura con la sensación de haber visto una de esas historias que a uno le reconcilian un poco con la especie. En la puerta, Esteban se sacaba fotos con su familia, le contestaba mensajes a una tía que le escribía desde General Roca y acomodaba los papeles del reconocimiento con el mismo cuidado con el que se ordenan los documentos importantes. Antes de subir al auto, me miró otra vez, me leyó los labios mientras le decía adiós y levantó la mano en un gesto que era, al mismo tiempo, un saludo, un gracias y esa promesa que se hizo a los ocho años en el living de su casa, después de que su hermana Noelia le pidiera que esperara. Esta vez, lo que vino después de la espera, fue exactamente lo que ella le había anticipado.
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