Esas palabras que se escapan justo en medio de la charla: por qué pasan y cuándo hay que prestar atención
Olvidar un término en medio de una conversación es algo que casi a cualquiera le pasa. Una neuropsicóloga explica qué recursos sirven para recuperarlo y en qué casos conviene consultar, sin alarmarse de más.
Eran cerca de las cuatro de la tarde y en la mesa de un bar de Palermo una señora de unos cincuenta y tantos años le contaba a su amiga una receta. Cuando llegó el momento de nombrar el ingrediente principal, se frenó en seco. «El coso verde ese, el de la hoja larga», decía, mientras gesticulaba con las manos. Su amiga completó: «¿Albahaca?». «Esa, esa», respondió ella, con una sonrisa algo incómoda. La escena, que parece menor, sirve para entender algo que nos pasa más seguido de lo que admitimos: saber qué queremos decir y, sin embargo, no encontrar la palabra exacta. Fui a buscar a alguien que pudiera explicar por qué ocurre y, sobre todo, cuándo conviene tomárselo en serio.
Recursos que ayudan cuando el término no aparece
Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica, me explicó que cuando una palabra se resiste hay varios caminos para intentar rescatarla. «Se puede buscar un sinónimo, describir lo que uno quiere nombrar o pensar en la letra con la que empieza, en su utilidad o en sus características», dijo. La idea es acercarse al término por distintos lados hasta que aparezca.
Para entrenar esa fluidez verbal, la especialista sugiere conversar sobre temas que interesen y contar las cosas con palabras propias, sin apoyarse siempre en textos escritos. Son ejercicios que obligan a recuperar conocimientos, ordenar ideas y sostener la atención en el intercambio. Y un dato clave: bajar el volumen de las distracciones ayuda a concentrarse y a no perder el hilo de lo que se está diciendo.
- Buscar un sinónimo o describir aquello que se quiere nombrar.
- Pensar en la letra inicial, la utilidad o las características del objeto.
- Conversar sobre temas de interés y explicar las cosas con palabras propias.
- Disminuir las distracciones para sostener la atención en la charla.
La diferencia entre una pausa y una dificultad que hay que evaluar
Sánchez Salinas fue clara en un punto: lo importante es distinguir entre un episodio aislado y un problema que se repite y complica la comunicación. «Hay que consultar cuando encontrar las palabras se vuelve una dificultad frecuente, cuando aparecen confusiones al nombrar objetos de uso cotidiano o cuando cuesta seguir una conversación», afirmó. También merecen atención los cambios notorios en el habla, tanto si los nota la propia persona como si los señalan quienes la rodean.
Una evaluación clínica y neuropsicológica puede ayudar a entender esos síntomas y orientar el diagnóstico y el tratamiento. El criterio, según la especialista, es observar si las dificultades representan un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona antes y si interfieren en su vida diaria.
Por qué a veces el concepto está y la palabra, no
Le pregunté a Sánchez Salinas por qué ocurre esa pausa tan particular en la que uno tiene el concepto clarísimo pero el nombre no llega. «Acceder a una palabra requiere activar primero su significado y después recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno conocido como punta de la lengua, ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse por un momento», explicó. O sea: la idea está, lo que falla por un instante es la etiqueta.
Puede pasar a cualquier edad, sobre todo cuando hay cansancio, distracción o presión. Con los años suele hacerse más frecuente, aunque eso no significa que la palabra se haya perdido: a veces aparece minutos después, justo cuando uno dejó de buscarla. El envejecimiento, además, no modifica todas las capacidades del lenguaje por igual. La especialista señaló que puede llevar más tiempo recuperar ciertos términos, mientras que la comprensión cotidiana suele conservarse.
Me fui del bar pensando en aquella señora y en cuántas veces me pasó algo parecido, y en cómo uno suele reírse de esos olvidos sin darles mayor importancia. La recomendación de Sánchez Salinas queda sonando en la cabeza: una pausa ocasional es parte de la vida, pero si el problema se vuelve frecuente y empieza a interferir en el día a día, no hay que dejarlo pasar. Consultar a tiempo es la mejor manera de saber si se trata de algo normal del paso del tiempo o de algo que requiere atención.
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