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MAR, 27 OCT 2026
Vida

El riesgo silencioso detrás de las enfermedades que más vidas cuestan en Argentina

Las afecciones cardiovasculares lideran las causas de muerte y muchos de sus factores de riesgo pueden pasar años sin síntomas. Los controles y la continuidad de los tratamientos son claves para prevenir complicaciones.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 2 min
El riesgo silencioso detrás de las enfermedades que más vidas cuestan en Argentina

En Argentina, siete de cada diez muertes se deben a enfermedades crónicas y, dentro de ese panorama, las cardiovasculares ocupan el primer lugar, según el último boletín de mortalidad del Ministerio de Salud de la Nación. Detrás de esas cifras hay historias de personas y familias que muchas veces se enfrentan a una urgencia después de años en los que los factores de riesgo avanzaron sin señales claras.

La presión alta, el colesterol elevado y la glucemia alterada pueden convivir durante mucho tiempo con una persona sin que esta se sienta enferma. A ellos se suman otros factores, como el sobrepeso y el sedentarismo. Cuando aparecen los síntomas, el daño cardiovascular suele estar avanzado, por eso conocer los propios valores y controlarlos importa mucho antes de llegar a una guardia.

Más años de vida y una demanda creciente

El desafío se da en un país que envejece de manera sostenida. Entre los censos de 2010 y 2022, la población de 65 años y más creció un 31% y ya supera los 5,3 millones de personas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Más años de vida y más enfermedades crónicas implican también una presión creciente sobre el sistema de salud.

Argentina destina cerca del 10% de su producto bruto interno a la salud, por encima del promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, según un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Pero, como advierten los especialistas, no se trata solamente de cuánto se invierte, sino también de cuándo se interviene.

Las consecuencias de actuar tarde pueden cambiar la vida cotidiana de una familia entera. Un infarto a los 55 años, por ejemplo, puede significar meses sin trabajar, pérdida de autonomía para actividades habituales y la necesidad de reorganizar los cuidados y las tareas de la casa.

Detectar no alcanza si el tratamiento se abandona

Un análisis publicado en una revista médica británica encontró que bajar diez milímetros de mercurio la presión sistólica reduce un 20% el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y otros episodios cardiovasculares graves. Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud, apenas el 23% de los 1.400 millones de adultos que viven con hipertensión en el mundo tiene sus valores bajo control.

El diagnóstico es apenas una parte del camino. La organización estimó que, incluso en países desarrollados, solo la mitad de las personas con enfermedades crónicas cumple su tratamiento. En esa misma línea, el cardiólogo Daniel Pérez, director del Instituto Médico de Alta Complejidad de Buenos Aires, señaló que el desafío principal no pasa por disponer de tratamientos, sino por mantenerlos en el tiempo. Detrás de los controles y los medicamentos está, en definitiva, la posibilidad de evitar que un problema silencioso termine en una emergencia.

Carolina Wehbe, Sociedad.

CW

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