El mechero que Wes Craven encendió en la cabeza de Drew Barrymore
Una crueldad animal leída la noche anterior, un susurro en pleno rodaje y una decisión de marketing que cambió para siempre la forma de abrir una película de terror.
A veces el truco más viejo del mundo es el que mejor funciona. Wes Craven lo sabía. Y lo usó sin ningún pudor. En la escena que abre Scream, esa en la que Drew Barrymore recibe un llamado telefónico y termina degollada antes de que el acomodador termine de desenvolver los pochoclos, hay un llanto que no es actuado. Es de verdad. Y la historia de cómo lo consiguió es tan oscura como el propio filme.
La noche anterior al rodaje, Barrymore se topó con una noticia que la dejó destruida. Un dueño de un perro había quemado vivo al animal. La imagen la persiguió hasta el día siguiente. Cuando se la contó al director, Craven vio la oportunidad perfecta. Durante la filmación de la escena en la que su personaje es asesinada, se le acercaba al oído y le susurraba la frase Estoy encendiendo el mechero. Suficiente para que la actriz volviera a conectarse con esa rabia y con ese dolor genuino.
Lo que se escuchaba detrás de cámara
“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección
La escena funciona en dos niveles, y acá viene lo brillante. Porque la actuación descarnada de Barrymore era apenas una capa. La otra, la estructural, fue una jugada de marketing que hoy parece obvia pero que en 1996 fue una locura: la actriz apareció como la cara de la película en todos los afiches, los tráileres y los avisos publicitarios. El público entraba al cine convencido de que ella era la protagonista. Cuando muere a los doce minutos, el impacto es demoledor.
- El antecedente directo fue Psicosis, de Alfred Hitchcock, donde Janet Leigh también desaparecía en el primer acto y cambiaba para siempre las reglas del suspenso.
- La apuesta de Dimension Films era que el espectador vinculara a Barrymore con el relato y después sintiera que cualquiera podía morir.
- Treinta años después, la secuencia se sigue estudiando como manual de cómo construir tensión y sorpresa al mismo tiempo.
Scream no inventó el slasher, pero le cambió la puerta de entrada. Ya no alcanza con mostrar a la víctima en peligro. Hay que venderla primero como la heroína y después destrozarla delante del público. Es el equivalente cinematográfico de ese amigo que te presenta a su novia en una fiesta y a los cinco minutos te avisa por chat que cortaron. La ilusión se rompe, y nunca más mirás a los personajes de la misma forma.
Si todavía no viste Scream, o si la viste hace años y te gustaría revisarla con esta información en la cabeza, hacelo. Es de esas películas que envejecen mejor que uno. Y ahora, cada vez que escuches el tono del teléfono en la primera escena, vas a saber que detrás de cámara había un director susurrándole a su actriz una de las frases más retorcidas del cine de terror moderno.
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