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DOM, 27 SEPT 2026
Vida

El intestino no avisa dos veces: por qué las molestias digestivas que se repiten merecen una consulta médica

La especialista Marcie Vaske advierte que gases, hinchazón y cambios persistentes en las evacuaciones no deberían normalizarse. Fibra, diversidad alimentaria, uso racional de antibióticos y manejo del estrés son los pilares del cuidado cotidiano que propone la evidencia.

CW
Carolina WehbeSociedad · 27 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo vi por primera vez en la sala de espera de un consultorio del barrio de Belgrano, cuando una mujer de unos cincuenta y tantos le contó a la recepcionista que hacía más de un año convivía con la panza inflamada después de cada cena. No le dolía, aclaraba, pero ya no se acordaba de cómo era sentirse cómoda después de comer. Esa escena se me quedó pegada mientras leía el último informe sobre salud digestiva que circuló esta semana entre profesionales de la nutrición, y que me decidió a llamar a la especialista en nutrición clínica Marcie Vaske para entender de una vez qué hay detrás de esos malestares que mucha gente arrastra en silencio y termina naturalizando.

Vaske lo dice sin rodeos: gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones no deberían convertirse en una costumbre. Cuando esas molestias se prolongan, pueden estar vinculadas a intolerancias, enfermedades digestivas o alteraciones de la microbiota, entre otras causas, y una recomendación genérica, por bienintencionada que sea, no las resuelve. Por eso la primera regla, y la más importante, es volver al consultorio.

La variedad en el plato como punto de partida

Para el cuidado cotidiano, una de las claves está en la diversidad de lo que se come. La fibra alimenta a parte de los microorganismos intestinales y se encuentra en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. La Organización Mundial de la Salud aconseja incluir estos grupos de alimentos y alcanzar un consumo diario de, como mínimo, 400 gramos de frutas y verduras.

Esa diversidad suele reducirse cuando se repiten pocas comidas a lo largo de la semana y predominan los ultraprocesados. La dietista Jenna Volpe, de 41 años, señaló que sostener ese patrón puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios que después se traducen en hinchazón, malestar general y cansancio. Los alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir o el chucrut, pueden formar parte de una dieta variada, pero incorporarlos no sustituye una consulta si las molestias vuelven a aparecer.

  • Consumir al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras, según la OMS.
  • Sumar legumbres, frutos secos y cereales integrales para incorporar fibra diversa.
  • Incorporar alimentos fermentados con regularidad, sin que reemplacen la consulta médica.
  • Limitar los ultraprocesados y los patrones de alimentación repetitivos.
  • Evitar la automedicación con antibióticos y respetar siempre la prescripción.
  • Sumar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada.

Antibióticos, estrés y movimiento: lo que también pesa

El intestino alberga bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que intervienen en la digestión, las defensas y la obtención de energía de los alimentos. Su composición cambia con el tiempo, y el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos identifica a la alimentación y los medicamentos entre los factores que pueden modificarla. Los antibióticos son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando están indicados, aunque su utilización innecesaria puede afectar microorganismos beneficiosos. La recomendación sanitaria es tomarlos con prescripción médica y completar el tratamiento tal como fue indicado.

“El estrés puede alterar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal. Por eso, cuando se sostiene en el tiempo, también termina pasando factura en la panza.”Asma Khapra, gastroenteróloga

El movimiento corporal integra los hábitos de cuidado: para adultos, la OMS recomienda entre 150 y 300 minutos por semana de actividad física moderada. Caminar, andar en bicicleta o nadar no sólo ayuda al corazón: también colabora con el tránsito y con la composición de la microbiota. Es, en cierto modo, la contracara de esas jornadas laborales largas en las que uno se queda sentado durante horas y llega a la noche con la sensación de tener el estómago cerrado.

Cuando terminé la entrevista con Vaske y colgué el teléfono, volví a pensar en la mujer de la sala de espera de Belgrano. Probablemente hoy siga pensando que su panza inflamada es un rasgo de su edad o de su carácter, cuando en realidad podría ser la punta de un hilo que un profesional está capacitado para desarmar. La fibra, la variedad, el movimiento y el uso responsable de los antibióticos son el andamiaje cotidiano, pero el verdadero punto de partida sigue siendo el más simple y el más fácil de postergar: pedir turno, sentarse frente a un especialista y contarle, sin vergüenza, lo que nos pasa.

CW

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