Después del golpe: cómo la autoestima se reconstruye (y por qué a algunos les cuesta más)
Un estudio de la Universidad de Zúrich siguió a más de mil adultos durante seis meses tras una pérdida y comprobó que la mayoría logra la imagen de sí misma, aunque una minoría queda atascada. La psicología explica qué hace la diferencia.
Lo veo cada vez que entro a una redacción y cruzo la puerta del café de la esquina: una mujer de unos cincuenta y tantos, delantal azul, me sirve el cortado de siempre y, mientras acomodo el monedero, me cuenta que la echaron del taller textil donde llevaba doce años. No llora, pero se le nota en la forma de apoyar las manos sobre el mostrador, como si el mármol fuera lo único firme que le queda. 'No es por lo que falta de plata', me dice mientras me mira a los ojos. 'Es que de golpe no sé quién soy sin eso'. Le pregunto si tiene nombre y me lo da: Marisa, 54 años. Me dice que desde aquel martes no puede mirarse al espejo sin sentir que falló, aunque sabe, con la cabeza, que no fue así. Antes de irme le prometo que voy a investigar qué le pasa a la autoestima después de un golpe así y qué dicen los especialistas sobre cómo se sale adelante.
Lo que le pasa a Marisa tiene nombre y apellido en la literatura psicológica: se llama autoestima y, según un estudio reciente de la Universidad de Zúrich publicado en 2026, la mayoría de las personas logra recuperarla con el tiempo, aunque una minoría queda atrapada en niveles bajos durante meses. Para llegar a esa conclusión, los investigadores siguieron a más de mil adultos alemanes durante 24 semanas. Todos habían atravesado un episodio adverso en las seis semanas previas: la muerte de un ser querido, una separación, la pérdida de empleo, el fin de una amistad o la reprobación de un examen. Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo del período y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima, lo que permitió ver cómo evolucionaba la imagen que cada uno tenía de sí mismo.
Lo que halló el estudio
- Solo el 11% de los participantes mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento.
- La mayoría, incluso quienes comenzaron en situaciones desfavorables, fue mejorando con el paso de los meses.
- La pérdida de empleo y el fin de una amistad fueron los dos eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruir la autoestima.
- Las separaciones de pareja afectan de manera particular cuando se viven como rechazo.
- Las personas mayores mostraron mejor recuperación que las más jóvenes.
Los autores del trabajo son claros al explicar por qué, en general, la gente sale adelante: lo que ocurre es un proceso de habituación y adaptación, es decir, con el correr de las semanas el evento negativo deja de ocupar el centro de la escena mental y la persona vuelve a reorganizar su vida en torno a otras cosas. Pero aclaran que ese movimiento no es automático ni igual para todos: depende de cómo se vive lo ocurrido, del peso emocional que se le asigna, del grado de control que la persona sintió tener sobre la situación, del impacto en su posición social y de si la experiencia modificó su visión del mundo, por ejemplo, si lo hizo sentir que la vida es profundamente injusta.
En esa vuelta a la redacción, ya con el café servido y el grabador apagado, pienso en Marisa y en lo que me dijo mientras acomodaba las medialunas en la bandeja. Le mando un mensaje para contarle lo que leí: que el neuroticismo, esa tendencia a interpretar los cambios desde una perspectiva negativa, puede alimentar la rumiación y la preocupación constante, y que muchas veces lleva a concluir que un mal resultado dice algo definitivo sobre el propio valor. Le digo también que la edad, según los investigadores, aparece como un factor protector, y que las personas mayores suelen mostrar mejor recuperación que las más jóvenes, tal vez porque acumularon experiencias previas de golpes que finalmente pudieron remontar. 'Igual yo tengo 54', me contesta con un emoji de carita resignada. Le respondo que justamente esa es la parte que más me interesa y le prometo volver la semana que viene a contarle cómo sigue la historia, mientras me llevo el cortado y la certeza de que, cuando una investigación confirma lo que se ve en un mostrador de barrio, lo mejor que puede hacer un periodista es volver a ese mostrador y contar lo que aprendió al lado del mármol.
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