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MAR, 29 SEPT 2026
Vida

Después de los 50, levantar una bolsa o pararse de una silla puede empezar a costar: por qué entrenar la fuerza se volvió una cuestión de independencia

Un entrenador certificado explica cómo armar una rutina que preserve los movimientos del día a día, con ejercicios pensados para sostener la autonomía y evitar caídas. Las recomendaciones del Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte y los ejercicios clave para sumar al entrenamiento.

CW
Carolina WehbeSociedad · 29 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo vi con mis propios ojos la semana pasada, en un gimnasio de barrio donde compartían espacio los que iban a levantar fierros y un grupo de personas grandes, varias con más de 60, que se acomodaban con mancuernas livianas y bancos bajos. Me quedé mirando un rato y enseguida entendí de qué se trata la nota que tenía que escribir: entrenar la fuerza después de los 50 ya no es una cuestión estética ni una moda deportiva, es, lisa y llanamente, una manera de sostener la independencia. Levantarse de una silla sin hacer fuerza con los brazos, llevar la bolsa del supermercado hasta la cocina, alcanzar un estante alto para guardar la vajilla o, simplemente, agacharse a recoger algo del piso y volver a pararse sin pedir ayuda: todos esos gestos que parecen insignificantes hasta que el cuerpo empieza a fallar.

Llegué a esta nota después de cruzar medio Buenos Aires en colectivo, con la idea de conversar con gente que trabaja con adultos mayores y con algún vecino que se entrena hace años. Quería entender por qué especialistas de todo el mundo insisten, cada vez más, en que la pesas no son patrimonio de los jóvenes. Y la respuesta, en pocas palabras, es esta: la fuerza muscular empieza a caer de manera gradual a partir de los 30, aunque uno se dé cuenta mucho después, cuando los esfuerzos cotidianos empiezan a sentirse cuesta arriba.

Qué dice la ciencia y por qué importa a los 50

El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte lo resume en una recomendación concreta: trabajar la fuerza al menos dos veces por semana. La idea es organizar la práctica con entre una y tres series de seis a quince repeticiones por ejercicio, ajustando la carga a la condición física de cada persona y, sobre todo, a sus antecedentes de salud. Antes de empezar, conviene pasar por un profesional, más todavía si hubo cirugías, lesiones o enfermedades preexistentes. No es un consejo exagerado: la consulta previa puede evitar un mal movimiento que termine en una contractura seria o en una caída.

El esfuerzo que demanda cargar una bolsa o simplemente ponerse de pie puede ser el primer termómetro de esa pérdida silenciosa de músculo. Entrenar después de los 50 ayuda a conservar la masa muscular, cuidar los huesos -algo clave para prevenir osteoporosis- y, sobre todo, mantener la capacidad de resolver las actividades cotidianas sin tener que pedirle a un hijo, a un vecino o a un nieto que nos alcance la bolsa del supermercado.

Ejercicios pensados para los gestos del día a día

Carlos, 54, entrenador certificado, me lo explicó con una lógica que cualquiera puede entender: el objetivo no es tener brazos de reloj de arena ni abdominales de revista, sino preservar los movimientos que usamos todos los días. Por eso, los ejercicios se pueden pensar a partir de las tareas que uno quiere seguir pudiendo hacer solo. La sentadilla con una pesa al frente del pecho, por ejemplo, trabaja piernas, glúteos y abdomen, todos los músculos que se ponen en juego cuando uno se levanta de una silla. El descenso tiene que llegar hasta una posición cómoda para cada cuerpo, sin bajar de más ni forzar las rodillas.

El equilibrio, la otra mitad de la autonomía

Porque la fuerza sola no alcanza si el cuerpo no puede mantener el equilibrio. Sentarse en el piso y volver a levantarse, algo que muchos chicos hacen sin pensarlo, combina fuerza, movilidad y control corporal, y es un indicador muy claro de la autonomía. Carlos propuso, como meta progresiva, ir reduciendo los apoyos de las manos hasta poder hacerlo solo, siempre sin forzar articulaciones ni perder estabilidad. En esa misma línea, William, otro entrenador certificado, me señaló que fortalecer el abdomen contribuye al equilibrio y puede disminuir el riesgo de caídas, uno de los problemas más serios y más serio que enfrentan los adultos mayores, sobre todo las mujeres después de la menopausia.

“El objetivo no es tener abdominales de revista, sino preservar los movimientos que usamos todos los días”Carlos, entrenador certificado (54)

Me fui del gimnasio con la sensación de que estaba mirando una pequeña revolución silenciosa. En un país que envejece a paso firme, donde cada vez hay más personas grandes que quieren vivir solas, viajar y no depender de nadie, algo tan simple como una mancuerna, un banco y una rutina de dos veces por semana puede cambiarles la vida. No hace falta, les saca años de encima y, sobre todo, les devuelve algo que el tiempo suele arrebatar: la confianza de poder levantarse solos de una silla, cargar la compra de su propia casa y cruzar la calle sin miedo a caerse.

CW

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