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MIÉ, 07 OCT 2026
Vida

Cuando perder peso de más pasa factura: lo que el cuerpo deja de fabricar cuando se queda sin reservas

La grasa no es solo un reservorio de energía: cumple funciones hormonales y metabólicas que se alteran cuando sus niveles caen demasiado. Especialistas consultados explican qué pasa en los músculos, en los huesos y en el sistema endocrino, y por qué un solo porcentaje en la balanza no alcanza para medir la salud.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 4 min
Cuando perder peso de más pasa factura: lo que el cuerpo deja de fabricar cuando se queda sin reservas

Lo vi por primera vez en el consultorio de una endocrinóloga amiga, hace ya algunos años: un pibe de 28 años, entrenado como pocos, que había llegado a un 8 por ciento de grasa corporal y no entendía por qué se sentía vacío, sin fuerza y con la libido por el piso. Ella le dijo, con esa franqueza que suelen tener los médicos cuando saben que nadie los está grabando, que el cuerpo no distingue entre un recorte calórico extremo y una hambruna: simplemente empieza a cerrar funciones para sobrevivir. Esa imagen me volvió a la cabeza cuando me topé con esta investigación de la Universidad Estatal de Wayne, en Estados Unidos, que sacudió un par de certezas muy instaladas en el mundo del fitness.

El dato que llamó mi atención es el siguiente: en un relevamiento con más de setecientos deportistas, los valores más bajos de grasa corporal registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres. Esos números, de por sí bajos, aparecen en la nota de Tamara Hew-Butler como referencia y desautorizan de cuajo la fantasía del 1 o 2 por ciento que suele circular en redes cuando alguien presume una definición muscular extrema.

Por qué el tejido adiposo no es solo un adorno

La grasa cumple funciones que solemos pasar por alto. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, me lo resumió de manera bastante clara: el tejido adiposo guarda combustible para los momentos en que el cuerpo lo necesita y, al mismo tiempo, fabrica hormonas. Una de las más conocidas es la leptina, que le avisa al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal cae porque las reservas son demasiado bajas, el organismo empieza a recortar gastos: relega funciones que no considera prioritarias en el corto plazo.

Lo concreto es que una restricción calórica muy agresiva puede terminar usando al músculo como fuente de energía, lo que va en contra del objetivo de muchos que entrenan. Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, lo explica con una frase que me parece clave: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Entre ellos, la generación de tejido óseo y su reparación.

  • Masa muscular: el cuerpo puede tomarla como fuente de energía cuando las calorías son insuficientes, lo que reduce la fuerza y la recuperación.
  • Hormonas sexuales: en hombres con alimentación escasa, la testosterona puede bajar junto con la energía y el rendimiento; en algunas deportistas, los niveles bajos de grasa se asocian con irregularidades menstruales o ausencia de menstruación.
  • Huesos: la falta de reservas afecta la generación y reparación del tejido óseo, un punto crítico en mujeres jóvenes y en adultos mayores.
  • Defensas: disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del organismo frente a infecciones graves, según advirtió Karpe.

Por qué un solo número no alcanza para medir la salud

Un porcentaje de grasa corporal, mirado de manera aislada, no cuenta toda la historia. Influyen la edad, el sexo y, sobre todo, dónde se ubica esa grasa. Las herramientas que se usan para medirla tampoco son equivalentes: la balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según el estado de hidratación de esa persona, y los pliegues cutáneos sirven para estimar la grasa subcutánea, pero dejan afuera la que rodea los órganos. Esa última, la grasa visceral, es justamente la que más preocupa a los especialistas cuando se acumula en exceso, porque favorece la liberación de sustancias inflamatorias y se asocia con problemas metabólicos y cardiovasculares.

La densitometría DEXA es, por ahora, el método que mejor separa los tres grandes componentes del cuerpo: tejido graso, masa magra y masa ósea. Requiere equipamiento específico y suele ser cara, pero ofrece una foto mucho más completa. En el consultorio de mi amiga endocrinóloga, el pibe del 8 por ciento terminó entendiendo que su cuerpo llevaba meses funcionando en rojo de salgas: dormía mal, se enfermaba seguido y había perdido la libido, tres señales que, retrospectivamente, tenían más sentido que cualquier porcentaje en una balanza.

“Cuando las reservas de grasa caen demasiado, el cuerpo empieza a cerrar funciones para sobrevivir, aunque la persona se sienta en forma.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan

Me quedo pensando que, a esta altura de la nota, el mensaje es bastante directo: no existe un piso de grasa que sirva para todo el mundo. Lo que funciona para un atleta profesional no necesariamente funciona para alguien que entrena tres veces por semana para sentirse bien, y lo que es aceptable para una mujer de 25 puede ser riesgoso para otra de 55. Por eso los especialistas insisten en que la evaluación tiene que ser personalizada, hecha con métodos confiables e interpretada por un médico que conozca la historia clínica de esa persona. La grasa, en definitiva, no es ni buena ni mala en abstracto: importa cuánto hay, dónde está y qué hace el cuerpo con ella.

CW

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