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VIE, 02 OCT 2026
Vida

Cuando el piano entra a casa: lo que un nuevo estudio encontró en los chicos que tocan un instrumento

Una investigación de la Universidad Northeastern comparó a 76 niños de entre 7 y 9 años y vio que quienes practicaban música rendían mejor en memoria, razonamiento y también en lectura, escritura y matemáticas. Los autores aclaran que el trabajo no prueba causalidad, y que el acceso a la formación sigue siendo un tema pendiente.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 3 min
Cuando el piano entra a casa: lo que un nuevo estudio encontró en los chicos que tocan un instrumento

Lo vi una y otra vez mientras recorría escuelas primarias y coros barriales: el chico que se sienta al piano después del almuerzo y, veinte minutos más tarde, vuelve a la mesa con la mirada más ordenada, como si la música le hubiera peinado por dentro. Por eso me detuve cuando llegó a mi mesa de trabajo el último estudio de la Universidad Northeastern, que puso números a esa intuición que tantas familias argentinas comparten. La investigación comparó a 76 chicos de entre 7 y 9 años y observó que quienes practicaban un instrumento obtenían mejores puntajes en pruebas de memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo, y también en evaluaciones escolares de lectura, escritura y matemáticas.

Qué midió el trabajo y a quiénes

El equipo dividió a los chicos en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento, con un mínimo de 30 minutos semanales de práctica; la otra mitad no tenía formación musical. Predominaban el piano y los instrumentos de cuerda, una elección habitual en las familias que pueden pagar clases particulares. Además de las pruebas cognitivas, a 50 participantes se les realizó una resonancia magnética para observar diferencias en una vía cerebral que conecta regiones vinculadas con audición, lenguaje y movimiento.

“Aprender un instrumento es una de las actividades más exigentes para el cerebro: hay que leer la partitura, mantener el ritmo, escuchar al compañero y, al mismo tiempo, mover las manos. Esa multitarea entrena las funciones ejecutivas.”Psyche Loui, profesora de Música de Northeastern

Cuando uno mira el aula entera a ese silencio tenso en el que los chicos esperan la indicación del profesor de música, entiende de qué habla Loui. Las funciones ejecutivas son las que permiten planificar, sostener la atención, controlar impulsos y adaptarse a un cambio de último momento. Dentro de ese paquete, la memoria de trabajo cumple un papel clave: es la que retiene una consigna mientras se la ejecuta, la que guarda el primer compás mientras se ejecuta el segundo, la que sostiene una palabra mientras se la escribe. Por eso no sorprende que el estudio la encuentre mejor en los chicos que practicaban.

Lo que el estudio dice, y lo que no

Conviene leer el resultado con cuidado. Los propios investigadores aclaran que el trabajo no demuestra que las clases de música hayan causado las diferencias. Las familias que acercan a sus hijos a un instrumento suelen ofrecer también otras experiencias educativas, y aunque los grupos se emparejaron por condición socioeconómica, eso no descarta otras explicaciones. Aun así, el tamaño del efecto y la variedad de áreas en las que aparecieron ventajas —memoria, razonamiento, vocabulario, lectura, escritura y matemática— le dan consistencia a la señal.

  • Memoria de trabajo: recordar una consigna mientras se resuelve un ejercicio.
  • Razonamiento y vocabulario: mejor desempeño en pruebas estandarizadas.
  • Lectura y escritura: ventajas en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
  • Matemáticas: puntajes más altos en las evaluaciones escolares.
  • Aprendizaje visual y auditivo: diferencias también en esas pruebas cognitivas.

Para las familias que evalúan anotarlos en una escuela de música, el dato es una pieza más del rompecabezas. Como señaló la investigadora y educadora Anita Collins, aprender un instrumento ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación, habilidades que después se trasladan al aula. La advertencia llega del propio equipo de Northeastern: el costo de la formación puede limitar el acceso, y en la Argentina esa limitación es cotidiana, con cuotas que muchos hogares no pueden sostener. Ahí queda, entonces, la tarea pendiente: cómo hacer que esa oportunidad no quede atada al bolsillo de cada familia. Yo, mientras tanto, vuelvo a la imagen del principio: el chico que se sienta al piano después del almuerzo y vuelve a la mesa con la mirada más ordenada. Ahora, además, tengo un estudio que me ayuda a explicar por qué.

CW

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