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SÁB, 26 SEPT 2026
Vida

Cinco años y medio sin salud mental: lo que el Reino Unido descubrió sobre la soledad de los varones

Un estudio con más de 277.000 adultos ingleses puso números a algo que se intuye pero cuesta medir: sentirse solo y estar aislado pesan distinto sobre el cuerpo y la cabeza, y en los hombres la brecha llega a 5,8 años sin bienestar psicológico.

CW
Carolina WehbeSociedad · 26 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo vi por primera vez en una reunión de consorcio, hace ya algunos años, cuando un colega británico mostró una diapositiva con dos curvas que se separaban como dos manos que no llegan a tocarse: una correspondía a adultos mayores con muchos vínculos, la otra a quienes vivían solos o casi solos. Aquella imagen me quedó dando vueltas, porque detrás de las líneas había algo más que estadística: había cenas compartidas, llamadas de teléfono, nietos que pasan los domingos, vecinos que se quedan charlando en la vereda. Por eso, cuando llegó a mi escritorio esta investigación de la Universidad de Tulane, con datos del Biobanco del Reino Unido, sentí que esa escena inicial volvía a cobrar forma, esta vez con cifras mucho más concretas y con un hallazgo que duele especialmente: los hombres que se sienten solos pierden en promedio 5,8 años de vida sin trastornos mentales respecto de quienes no atraviesan esa sensación.

Antes de entrar en los números, vale una aclaración que la propia investigación subraya y que ayuda a entender por qué los resultados son tan marcados. Tener poco contacto con otras personas y sentirse solo no son la misma cosa, aunque en la conversación cotidiana muchas veces se usen como sinónimos. El aislamiento social describe la cantidad de relaciones: cuántas personas vemos, con cuánta frecuencia hablamos, si tenemos con quién compartir las comidas o las salidas. La soledad, en cambio, es un sentimiento: el malestar por no encontrar en esos vínculos la conexión significativa que uno necesita. Por eso puede ocurrir, y de hecho ocurre, que alguien con pocos contactos no se sienta solo si esos pocos encuentros le alcanzan, y al revés: una persona muy rodeada puede experimentar una soledad profunda si percibe que nadie la conoce de verdad.

Lo que midió el estudio y a quiénes

El trabajo siguió a 277.072 participantes del Biobanco del Reino Unido, todos de entre 40 y 69 años al momento del ingreso, y ninguno padecía al inicio las siete condiciones de salud que los investigadores decidieron rastrear: diabetes, enfermedades cardíacas, problemas pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. A partir de ahí, tomando los 50 años como referencia, el equipo calculó cuántos años podía esperar vivir cada persona sin desarrollar ninguna de esas enfermedades, y comparó esos pronósticos según el grado de aislamiento social y de soledad que reportaron los propios participantes.

Los resultados, difundidos por la Universidad de Tulane en un comunicado del 22 de septiembre de 2026, muestran diferencias que merecen leerse con cuidado. Entre las mujeres que experimentaban soledad y aislamiento social, la estimación de vida sin problemas físicos fue 2,4 años menor; entre los hombres, 1,7 años menor. Pero cuando se miró la salud mental, la brecha se agrandó y se invirtió la tendencia: 3,7 años menos para ellas y 5,8 años menos para ellos. Es decir que, en este universo estudiado, el impacto más profundo de la soledad recayó sobre el bienestar psicológico de los varones.

  • El estudio siguió a más de 277.000 adultos del Biobanco del Reino Unido, de entre 40 y 69 años.
  • La referencia para el cálculo fueron los 50 años de edad.
  • Se evaluaron siete condiciones: diabetes, cardiopatías, enfermedades pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad.
  • En salud física, las mujeres perdieron 2,4 años y los hombres 1,7 años.
  • En salud mental, la brecha llegó a 3,7 años en mujeres y a 5,8 años en hombres.
  • Los hábitos saludables atenuaron el daño del aislamiento, pero no el de la soledad.

Hay otro dato del trabajo que me parece clave, porque echa luz sobre qué se puede hacer y qué no. Cuando los autores analizaron los hábitos cotidianos —alimentación, actividad física, calidad de sueño y tabaquismo— encontraron que una vida saludable amortiguaba parte de la pérdida de años sin enfermedades asociada al aislamiento social, pero no lograba reducir de manera significativa los riesgos vinculados con sentirse solo. En otras palabras, comer mejor, moverse más y dormir bien ayudan a compensar el daño de tener pocos contactos, pero no alcanzan cuando lo que falta es un lazo que dé sentido. La observación, tal como la planteó Lu Qi, investigador principal del estudio, alcanza tanto a la salud física como a la mental, y obliga a mirar el problema con la misma seriedad con que se mira el colesterol o la presión arterial.

Volver a la escena, mirar a los demás

Cuando cierro esta nota y vuelvo mentalmente a aquella sala de reuniones donde vi por primera vez las dos curvas que se separaban, pienso en la cantidad de veces que crucé la calle esquivando la mirada de un vecino, en las cenas en las que alguien come solo frente a la televisión, en los padres que dejaron de llamar porque los hijos están ocupados. La ciencia acaba de ponerles un número: hasta 5,8 años de salud mental en el caso de los hombres que se sienten solos. Pero el verdadero dato, el que no aparece en ninguna tabla, es que ese número se construye todos los días, en gestos tan pequeños como tomarse un café con alguien, preguntar cómo le va y, sobre todo, quedarse a escuchar la respuesta. Esa, me parece, es la parte que nos toca a cada uno.

CW

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