Adelgazar con fármacos: la receta que empieza en el consultorio y termina en la cocina, el gimnasio y la almohada
La jefa de Nutrición del Hospital de Clínicas, Pilar Quevedo, describió cómo actúan la semaglutida y la tirzepatida sobre las señales del hambre y la saciedad, y por qué el descenso de peso exige controles clínicos, alimentación, movimiento y descanso. La médica advirtió sobre los mecanismos del cuerpo que empujan a recuperar lo perdido cuando se abandona el tratamiento.
A veces uno cruza la puerta de un consultorio pensando que va a buscar una pastilla y termina entendiendo que lo que le recetan es, en realidad, una mudanza. Eso fue lo que me pasó cuando fui a entrevistar a Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, para entender de una vez cómo actúan los medicamentos para la obesidad que están dando que hablar en todo el país: la semaglutida y la tirzepatida. Yo llegué con la libreta cargada de dudas y me fui con una idea bastante más grande: la de que bajar de peso no es un trámite, es un proceso largo, vigilado y cheio de aristas que pocas veces se cuentan en los programas de televisión.
Quevedo, de 54 años, me recibió en su oficina con la calidez de quien sabe que cada paciente que se sienta enfrente suyo carga una historia, no un capricho. Me explicó que el tratamiento farmacológico de la obesidad arranca siempre con una evaluación médica y que después exige un seguimiento clínico riguroso, porque la dosis y el ritmo del descenso de peso tienen que ajustarse a cada persona. El objetivo, aclaró, no es solo ver cómo cae el número en la balanza: hay que reducir grasa corporal y, al mismo tiempo, preservar la masa muscular, esa parte del cuerpo que muchos olvidan y que es clave para sostenerse de pie en la vida cotidiana.
Qué hacen estas drogas en el cuerpo
Cuando le pedí que bajara a un lenguaje comprensible para el lector que nunca pisó una facultad de Medicina, Pilar se acomodó los anteojos y arrancó por el principio. La semaglutida y la tirzepatida, me dijo, reproducen señales que el intestino genera de manera natural y que se comunican con órganos como el cerebro, el estómago y el páncreas. La primera actúa sobre un único receptor; la segunda, sobre dos vías complementarias. En ambos casos, sus acciones se relacionan con tres procesos que suenan conocidos por cualquiera que haya peleado con la balanza: regulación del apetito, sensación de saciedad y control de la diabetes.
“En el consultorio son frecuentes los relatos de hambre intensa, dificultad para sentirse satisfecho y consumo de alimentos entre comidas. Esas experiencias forman parte de una enfermedad multifactorial y no pueden explicarse solamente por la voluntad individual.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA
Por qué adelgazar es solo el primer paso
Después vino el tramo de la conversación que más me llamó la atención, porque suele quedar afuera de las publicidades deEstos fármacos son fantásticos. Pilar me contó que, una vez que el paciente baja de peso, el organismo activa mecanismos que empujan a recuperar lo perdido, un fenómeno que los especialistas conocen bien y que, según la médica, también puede atenuarse mientras la persona usa el medicamento durante el período que los profesionales indican. Lo que está claro, insistió, es que al suspender el fármaco puede aparecer una recurrencia, sobre todo si no existe una estrategia integral que acompañe el tratamiento. Y ahí aparece la otra cara de la moneda, la que no se vende en redes sociales.
Los controles que marcan la diferencia
Antes de irme, quise saber cómo se mide si el tratamiento está funcionando. Pilar me explicó que las dosis se aumentan de manera gradual, en lo que los médicos llaman titulación, y que en cada visita se evalúa la respuesta al medicamento, sus posibles efectos adversos y los cambios en la composición corporal. También se observa si la persona incorporó ejercicio y qué tipo de actividad realiza, porque el trabajo de fuerza y el cardiovascular pueden modificar la evolución de manera muy distinta. Los resultados, agregó, se evalúan a lo largo del tiempo y no en una sola foto: lo que importa es la tendencia, no un número aislado en una mañana de ayuno.
Salí del Hospital de Clínicas con la cabeza llena de cosas para escribir y con una sensación que vale la pena compartir: la idea de que adelgazar con fármacos no es una trampa ni un atajo, sino una herramienta seria que exige estar rodeado de profesionales, sostener hábitos nuevos y entender que el hambre, en muchos casos, no es un defecto de carácter sino una enfermedad que merece tratamiento. Carolina Wehbe, Sociedad.
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