Vuelve la pesadilla de Facebook y Sorkin se anota otro poroto
La secuela de “La red social” ya tiene director, guionista y protagonista: Jeremy Strong como Zuckerberg. El estreno está previsto para octubre de 2026 y la promesa es volver a incomodar al espectador con la misma historia que hace quince años nos dejó pensando.
Dicen que las malas noticias vienen de a una, pero en Hollywood vuelven en secuela. Esta vez le toca a Facebook, esa criatura que nació en un dormitorio universitario y terminó convertida en el monstruo que todos miramos por la ventana. “El precio de la red” es la continuación de “La red social” y, lejos de ser un capricho nostálgico, se presenta como una pieza hermana de aquella película que David Fincher convirtió en clásico instantáneo.
La apuesta tiene nombre propio: Aaron Sorkin, que en esta oportunidad hace doblete como guionista y director. Sí, el mismo tipo que escribió el guion original vuelve a meter las manos en la masa, pero esta vez también maneja la cámara. Una decisión que, tratándose de alguien con su velocidad de diálogo y su obsesión por los personajes que hablan más rápido de lo que piensan, genera expectativa. (Y también algo de miedo, porque ya sabemos cómo termina cada vez que un creador se quiere hacer todo él solo.)
Jeremy Strong, el Zuckerberg que no quiere que le hablen en los descansos
El otro nombre fuerte es Jeremy Strong, que se calza el traje (o el hoodie, más bien) de Mark Zuckerberg. Y acá es donde la cosa se pone interesante, porque Sorkin contó cómo trabajó el actor para meterse en la piel del fundador de Facebook. Según el director, Strong se preparó solo durante meses antes de llegar al rodaje, construyó su propia versión del personaje y la sostuvo hasta en los cortes entre escenas.
¿Qué significa eso en la práctica? Que Strong modificó la voz y la manera de caminar para parecerse a Zuckerberg, y que esa transformación no se apagaba cuando la cámara dejaba de rodar. Sorkin, lejos de quejarse, advierte al resto del elenco: no esperen chistes ni charla liviana entre tomas. La decisión, según explica, responde a la idea que el actor se hizo sobre cómo se vincularía Zuckerberg con la gente a su alrededor.
Lo que queda flotando, más allá del cronograma y los nombres, es una pregunta incómoda: ¿qué otra cosa hay para contar sobre Facebook que no se haya dicho ya? La primera película funcionó porque miraba el nacimiento de algo que todavía no entendíamos del todo. Esta secuela llega cuando ya vivimos adentro de eso que crearon, cuando el scroll es tan automático como respirar y las fake news son el alfajor de cada jornada electoral. Veremos si Sorkin y Strong le encuentran el ángulo, o si nos terminamos mirando la pantalla como Zuckerberg mira la suya: atentos, ausentes, un poco perdidos.
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