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MIÉ, 23 SEPT 2026
Vida

Volar sin que el miedo se apodere del viaje: la mirada de un neurólogo para entender qué pasa en el cuerpo y en la cabeza

Conrado Estol repasó claves para poner en perspectiva el temor a los aviones: desde observar el tránsito aéreo en una aplicación hasta desmitificar la duración real de las turbulencias. Por qué desaconsejó tomar alcohol y cómo la anticipación del embarque ya puede empezar a jugar en contra.

CW
Carolina WehbeSociedad · 23 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Eran cerca de las diez de la mañana y la pantalla del celular de Conrado Estol, de 66 años, mostraba el mapa de siempre: un puñado de puntitos amarillos cruzando el Atlántico, otros tantos sobre el Caribe y una fila ordenada de aviones que entraban al espacio aéreo de Ezeiza. El neurólogo miró la imagen con la misma calma con la que mira un electrocardiograma y arrancó a hablar de algo que, según dijo, le preguntan seguido: por qué volar genera tanto malestar aun cuando las estadísticas digan, con insistencia, que es el medio de transporte más seguro. Desde esa primera escena, que él mismo describió mientras conversaba con este portal, quedó planteada la idea central de su explicación: entender el contexto puede ser el primer paso para desarmar el miedo.

La anticipación que empieza antes de subir al avión

Para Estol, el miedo a volar rara vez aparece en el momento exacto en que la aeronave despega. Lo más frecuente, sostuvo, es que empiece mucho antes: en la cola para sacar el boarding pass, en el control de migraciones, en la obsesión por llegar al aeropuerto con margen suficiente como para no perderse el vuelo. Esa anticipación, explicó, ya carga al cuerpo de ansiedad, y a esa altura se le puede sumar la claustrofobia que muchos sienten al quedar sentados en un espacio reducido durante varias horas. En su mirada, todo eso forma parte del mismo paquete emocional que después se traduce en palpitaciones, transpiración o esa sensación de que algo va a salir mal.

“Conocer las estadísticas de seguridad no impide que aparezca una respuesta emocional ante una experiencia que resulta ajena a la vida en tierra.”Conrado Estol, neurólogo
  • Abrir una aplicación de seguimiento de vuelos y observar la cantidad de aviones que circulan en simultáneo.
  • Ubicar el propio vuelo dentro de ese movimiento global, como una línea más en un mapa que no deja de actualizarse.
  • Repetir la observación antes de embarcar para asociar el viaje con un flujo cotidiano y no con una excepción riesgosa.
  • Prestar atención a las maniobras de los pilotos frente a tormentas, ya que los protocolos de cabina existen para reducir distracciones durante la operación.

Las turbulencias: por qué aparecen aunque el cielo esté despejado

Otro punto sobre el que el médico hizo especial hincapié fue el de las sacudidas. Estol distinguió dos grandes tipos de turbulencias: las que están vinculadas a tormentas y las que se producen en aire claro. Las primeras, dijo, suelen esquivarse porque los pilotos cuentan con herramientas para identificar el fenómeno y modificar el recorrido. Las segundas, en cambio, pueden aparecer aun cuando desde la ventanilla se vea un cielo impecable, porque dependen de movimientos de masas de aire que no siempre se reflejan en nubes ni en mal tiempo. Ahí, según su explicación, se juega buena parte de la sorpresa que alimenta el miedo.

  • Los episodios de turbulencia fuerte suelen extenderse durante segundos o, como máximo, unos pocos minutos.
  • La mente, sin embargo, puede imaginar que el movimiento se prolongará durante horas, lo que amplifica la sensación de riesgo.
  • Como referencia útil, Estol propuso comparar lo que se tolera al viajar en tren: movimientos similares que rara vez generan la misma alarma.
  • También sugirió registrar el tiempo real de cada sacudida para empezar a contrastar la expectativa con lo que efectivamente sucede.
  • El neurólogo desaconsejó de manera explícita recurrir al alcohol para sobrellevar el temor.
  • Advirtió que puede provocar insomnio y deshidratación, dos factores que empeoran la ansiedad en lugar de calmarla.
  • Señaló que el verdadero objetivo es que el miedo no termine condicionando los viajes ni las vacaciones.
  • Planteó que, si la angustia persiste o se vuelve limitante, lo razonable es consultar a un profesional de salud mental.
CW

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