Treinta y un años mirando chicos: la receta de un pediatra del Heller para criar con menos miedo y más criterio
Marcelo Sotomayor llegó al Hospital Heller de Neuquén cuando la institución todavía no atendía pacientes. Hoy, a meses de irse, repasa qué cambió en la salud infantil y qué les recomienda a las familias, desde la lactancia hasta los límites con las pantallas.
Llegué al Hospital Heller de Neuquén una mañana cualquiera, sin conocer demasiado del lugar, y me encontré con Marcelo Sotomayor en uno de los pasillos, todavía con el ambo puesto después de una guardia que se estiró más de la cuenta. Tiene 59 años, la voz pausada y una manera de explicarse que parece extraída de un manual de cabecera, pero en versión conversación de café. Lleva 31 años dedicado a la pediatría, casi los mismos que tiene el hospital donde trabaja, y está a punto de cerrar un ciclo que, por estas horas, todavía no termina de cerrarse.
Sotomayor llegó al Heller en 1995, cuando el hospital recién se ponía en marcha. Cuenta que participó de esas primeras semanas en las que el equipo médico todavía estaba más ocupado resolviendo problemas de infraestructura que atendiendo pacientes, y que le tocó estar ahí el día que nació el primer bebé en esa institución. Desde entonces no se movió. Estudió medicina en la Universidad de La Plata, hizo la residencia en el Hospital Castro Rendón y volvió a Neuquén para quedarse.
Qué cambió en tres décadas y qué sigue igual
Cuando Sotomayor arrancó, una de las principales preocupaciones en las consultas pasaba por la desnutrición infantil. Hoy, dice, ese lugar lo ocupa la obesidad, junto con situaciones vinculadas al consumo de sustancias durante la infancia y la adolescencia. Las enfermedades fueron mutando, pero hay un núcleo de recomendaciones que él sostiene desde el primer día y que repite, consulta tras consulta, a las familias neuquinas.
- La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, que sigue siendo una de las indicaciones más fuertes que les da a las madres y padres en el consultorio.
- La prevención de accidentes domésticos, sobre todo quemaduras y caídas, que continúan siendo motivo frecuente de consultas de urgencia con chicos pequeños.
- Cero pantallas antes de los cuatro años, y después de esa edad, tiempos acotados y supervisión permanente de los adultos.
- Establecer límites claros en casa, algo que él traduce en rutinas de sueño, horarios de comida y reglas firmes sobre el uso de dispositivos.
“La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses sigue siendo una de las principales recomendaciones, y hay que establecer tiempos limitados con las pantallas.”Marcelo Sotomayor, pediatra del Hospital Heller
Más allá del consultorio, Sotomayor se formó también como docente. Es instructor de residentes y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue, y muchos de quienes fueron sus alumnos hoy son sus colegas en el mismo servicio. Esa lógica de transmisión, dice, es la que más lo gratifica de una carrera larga, junto con la confianza que las familias todavía depositan en él después de tantos años.
La despedida que se hace esperar
La jubilación de Sotomayor estaba prevista para julio, pero él mismo decidió estirarla hasta enero para terminar de ordenar algunas cosas dentro del servicio. Cuando le pregunto cómo se imagina el día después, se queda en silencio unos segundos, como si todavía no lo tuviera del todo resuelto. Fuera del hospital, dice, lo equilibran dos pasiones bien distintas: el jazz, al que se entrega cada vez que puede, y el montañismo, una actividad al aire libre que describe como la mejor compensación para quienes trabajan jornadas largas cuidando a otros.
Antes de irme le hago una última pregunta, casi de cortesía, sobre qué les diría a los padres y madres jóvenes que se acercan al consultorio llenos de dudas. Me mira fijo y responde, con la misma calma con la que seguramente les habla a ellos: que la tarea de criar no se delega en una pantalla ni en un artículo de internet, que vuelva a la consulta, que pregunte, que no tenga miedo de pedir ayuda. Me despido en el mismo pasillo donde lo encontré, consciente de que el próximo pediatra que atienda a su criatura en este hospital va a tener la responsabilidad de sostener, de alguna manera, lo que Marcelo construyó durante 31 años.
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