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VIE, 04 SEPT 2026
Vida

Por qué una hora después de entrenar el cuerpo se rinde y qué hacer para que el golpe no dure tanto

La investigadora Athalie Redwood-Brown, de la Universidad de Nottingham Trent, desmenuza los tres procesos que se ponen en marcha tras una sesión intensa y las estrategias concretas para acortar la resaca del esfuerzo físico.

CW
Carolina WehbeSociedad · 4 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Me crucé con esta investigación un martes a la tarde, mientras revisaba la columna de salud de la semana, y lo primero que pensé fue en esa sensación tan conocida: una hora después de dejar el gym o de volver de correr, las piernas pesan, la cabeza pide y cualquier plan suena a demasiado. Pero lo que parece un simple cansancio es, en realidad, un cocktail de tres procesos que se disparan al mismo tiempo, y hay formas concretas de acortar el malestar. Así lo explicó Athalie Redwood-Brown, de 50 años, profesora de análisis del rendimiento deportivo en la Universidad de Nottingham Trent, en una charla con la que me topé de pura suerte.

Lo que pasa adentro del músculo y del sistema nervioso

Según la especialista, la fatiga posterior al ejercicio responde a tres ejes que funcionan en paralelo. El primero se juega adentro del tejido muscular: el movimiento depende de partículas con carga eléctrica que activan la contracción, y el ejercicio intenso altera ese equilibrio iónico. Cuando eso ocurre, el músculo pierde capacidad de responder con la misma eficacia y queda esa sensación de piernas vacías que tanto cuesta describir.

El segundo eje es lo que Redwood-Brown llama fatiga central. El cerebro y la médula espinal son los que mandan la orden de contraerse, y ante un esfuerzo elevado esa activación puede bajar de manera transitoria. Ahí el problema no está en el músculo en sí, sino en la dificultad temporal para reclutarlo con la misma intensidad. La investigadora lo resume así: el cuerpo tiene el motor, pero le falta un poco la nafta de la señal.

El tercer eje pasa por el combustible y el agua. Los músculos usan carbohidratos almacenados como fuente de energía, y después de una sesión larga esas reservas caen. A eso se suma la transpiración, que se lleva agua y electrolitos como el sodio, fundamentales para el funcionamiento de músculos y nervios. Si esa pérdida no se repone, el rendimiento cae y el esfuerzo se siente mucho más pesado de lo que debería.

Estrategias concretas para acortar la resaca

Redwood-Brown insistió en que la fatiga no es solo cosa de principiantes. Un corredor con años de entrenamiento que hace por primera vez una sesión intensa de fuerza puede quedar tan resentido como alguien que recién empieza. La diferencia, dice, es que el organismo aprende a responder mejor con el tiempo, pero la carga de novidade siempre pasa factura. Frente a ese cuadro, la investigadora recomienda un paquete de medidas que van de lo más básico a lo más estratégico:

  • Priorizar el sueño y los descansos cortos entre sesiones, porque gran parte de la recuperación ocurre de noche.
  • Mantener una buena hidratación antes, durante y después del ejercicio, sobre todo si hay sudoración abundante.
  • Cargar carbohidratos en las comidas posteriores para reponer las reservas de glucógeno que se gastaron.
  • Sumar proteínas de buena calidad para favorecer la reparación del tejido muscular.
  • Trabajar la progresión de cargas: evitar dar saltos muy grandes en volumen o intensidad para no acumular daño.
  • Considerar el uso de técnicas de recuperación como baños de contraste o masajes, siempre como complemento y no como reemplazo del descanso.

Redwood-Brown también marcó una diferencia clave que muchos confunden: la fatiga inmediata del entrenamiento no es lo mismo que el dolor muscular de aparición tardía, conocido como DOMS por sus siglas en inglés. Ese malestar más profundo suele aparecer después de movimientos poco habituales o al retomar la actividad tras una pausa, y se asocia en particular con el trabajo excéntrico, es decir, cuando el músculo genera fuerza mientras se alarga, como al bajar lentamente una pesa o al bajar una pendiente corriendo.

Cuando terminé de leer la entrevista volví a pensar en esa escena de cualquier día de semana: gente saliendo del gimnasio con cara de zombie, sentándose un rato largo en el auto antes de arrancar, o directamente cancelando planes porque el cuerpo no da más. La investigadora lo dijo con una claridad que me quedó dando vueltas: entender que la fatiga es un proceso y no un capricho del cuerpo ayuda a planificar mejor, a exigir menos cuando toca descansar y a volver más fuerte a la siguiente sesión. No es magia, es fisiología bien aplicada.

CW

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