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MIÉ, 09 SEPT 2026
Vida

Los cinco mitos sobre el corazón que pueden jugarte una mala pasada

Un cardiólogo de la Cleveland Clinic repasa las creencias más arraigadas que aún llevan a miles de personas a subestimar su riesgo cardiovascular. Lo que hay que saber para no llegar tarde.

CW
Carolina WehbeSociedad · 7 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo confieso: durante años arrastré la convicción, casi sin ponerla en palabras, de que las enfermedades del corazón eran un asunto de hombres grandotes, pasados en años, y de esos que se infartan un martes a las tres de la tarde mientras miran el resumen del fútbol. La idea me parecía tan instalada en el sentido común que ni siquiera me molestaba en cuestionarla. Por eso, cuando me crucé con el material que había publicado la Cleveland Clinic sobre los cinco mitos cardíacos que todavía circulan con una fuerza asombrosa, sentí que me estaban sacudiendo la modorra con un café bien cargado.

El dato de arranque golpea fuerte: según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares se cobraron 19,8 millones de vidas en 2022, lo que equivale al 32 por ciento de todas las muertes que ocurrieron en el planeta durante ese año. Una de cada tres personas que murieron en el mundo lo hizo por algún problema del corazón o de los vasos sanguíneos. Con esos números en la mano, sostener ideas equivocadas sobre quién corre riesgo y quién no deja de ser una simple confusión y pasa a ser un problema de salud pública de primera magnitud.

El especialista que desarma los mitos uno por uno

El cardiólogo Luke Laffin, de la Cleveland Clinic, una de las instituciones médicas más reconocidas de Estados Unidos, se tomó el trabajo de identificar las cinco creencias más extendidas y que él considera más peligrosas. Lo que sigue es un recorrido por cada una de ellas, con la traducción que cualquier persona de a pie necesita para cuidarse de verdad, sin confiarse ni entrar en pánico.

  • El corazón no es cosa de hombres. Laffin lo dice de manera tajante: el corazón no discrimina por sexo. Las mujeres tienen factores de riesgo propios, como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones durante el embarazo, y muchas veces postergan sus controles porque siempre hay algo más urgente que atender. Conocer los propios factores y charlarlos con un médico de cabecera, que después puede derivar a cardiología, es el primer paso razonable.
  • No es solo un tema de mayores de 50. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar a los 20, 30 o 40 años, muchas veces sin dar señales. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas, por eso los análisis de sangre y los chequeos regulares no son patrimonio de los jubilados.
  • Los antecedentes familiares no son una sentencia. Tener padres o abuelos con problemas cardíacos aumenta el riesgo, pero no lo determina. Una alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que reducen esa probabilidad. Cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión y el colesterol.
  • Sentirse bien no es un certificado de salud. La enfermedad coronaria avanza lento y en silencio, y la hipertensión y el colesterol elevado suelen no dar síntomas. En algunos casos, el primer aviso es un infarto o un accidente cerebrovascular. Por eso las consultas anuales con el médico de cabecera y los análisis periódicos son la única manera de seguir la evolución de esos indicadores antes de que sea tarde.

El quinto error que menciona Laffin es asumir que el deterioro cardiovascular es una especie de peaje obligatorio de la vejez, algo con lo que no se puede hacer mucho más que resignarse. La evidencia, sin embargo, muestra otra cosa: casi cuatro de cada cinco eventos cardiovasculares prematuros se pueden prevenir con cambios sostenidos en el estilo de vida y con controles a tiempo. No se trata de prometer la inmortalidad, sino de correr el reloj varios años hacia adelante.

“El corazón no discrimina por sexo ni por edad: cualquiera puede estar en riesgo sin saberlo, y por eso la prevención tiene que empezar antes de lo que imaginamos.”Luke Laffin, cardiólogo de la Cleveland Clinic

Mientras terminaba de leer el informe, volví mentalmente a esa conversación de café con la que arranca esta nota. Si me apuran, tendría que llamar a mi médica de cabecera y pedir un turno para un control que vengo postergando desde hace, ahora que lo pienso, demasiado tiempo. Las cifras de la OMS lo dejan claro: con el corazón no se juega, y la mejor forma de cuidarlo es dejar de lado los mitos que durante décadas nos hicieron creer que el problema siempre le toca al de al lado.

CW

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