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LUN, 31 AGO 2026
Economía

Las tasas vuelven a apretar el bolsillo: la tarjeta roza el 82% anual y el crédito personal se ubica en 66%

El financiamiento para familias se encareció otra vez y, según advirtió un economista consultado por este medio, el dinero disponible para alquiler, comida, colegio y salud queda reducido a la mínima expresión. El consumo mejora apenas 2%, traccionado por indumentaria y recreación, mientras los bienes durables siguen sin reaccionar.

LC
Laura CastagninoEconomía · 31 DE AGO DE 2026 · lectura 3 min

Las tasas de interés que pagan las familias argentinas por financiarse volvieron a escalar en julio y ya comprometen una porción creciente del presupuesto mensual. De acuerdo con los registros del sistema financiero, las tarjetas de crédito operan con una tasa nominal anual cercana al 82%, en tanto los préstamos personales se ubican en torno al 66%, niveles que tornan insostenible cualquier estrategia de financiamiento sostenido para los hogares de ingresos medios.

Vamos a los números: el conjunto de préstamos a personas humanas acumula alrededor de 51 billones de pesos, una cifra que describe la dimensión del stock de deuda acumulado por las familias. De ese total, cerca de 23 billones corresponden a tarjetas de crédito, unos 21,7 billones a préstamos personales y aproximadamente 6,2 billones a créditos prendarios, estos últimos ligados a la adquisición de vehículos. En paralelo, la mora en tarjetas y prendarios ronda el 7%, un indicador que el mercado financiero observa con atención porque refleja el punto en el que las cuotas dejan de poder pagarse en tiempo y forma.

El consumo se mueve, pero no donde debería

El consumo de los hogares registró una mejora interanual del 2%, aunque ese repunte dista de ser homogéneo. La recomposición se concentró en rubros como indumentaria y recreación, sectores que admiten compras puntuales con pago al contado o en pocas cuotas sin interés, mientras que los bienes durables —electrodomésticos, electrónica, vehículos, muebles— permanecen estancados precisamente porque su adquisición depende del crédito y las cuotas resultantes son cada vez más difíciles de absorber. En otras palabras, el consumo crece en lo chico y se paraliza en lo grande.

“Una familia que destina una parte importante de sus ingresos a pagar deuda después tiene que afrontar alquiler, alimentos, colegio, obra social y otros gastos. Cuánto le queda para consumir? Nada. El día a día se queda sin plata.”Jorge Ingaramo, economista

Ingaramo describió un cuadro que, según sus palabras, resulta inédito en las décadas que lleva analizando la economía argentina. Señaló que el país genera actualmente unos 2.000 millones de dólares de superávit externo por mes, un volumen que, en condiciones históricas comparables, debería traducirse en una economía recontra reactivada. Sin embargo, la paradoja persiste: el ahorro en moneda extranjera se mantiene en niveles elevados, pero esos dólares no se traducen en circulación dentro del mercado local, lo que configura una suerte de liquidez paralizada que no termina de volcarse al consumo ni a la inversión productiva.

Qué conviene revisar antes de tomar deuda

La lectura que dejan estos datos es nítida: el peso del financiamiento sobre el presupuesto familiar opera como un freno cotidiano al consumo, más allá de los indicadores macro de actividad. De cara al próximo dato oficial de tasas y de mora, la atención deberá centrarse en si los bancos ajustan los nominales hacia abajo en algún tramo del segundo semestre, y en cómo responden los volúmenes de préstamos personales y prendarios, ya que un movimiento en esos guarismos suele anticipar el humor de los hogares para el último tramo del año. Con la inflación todavía alta y el crédito caro, la pregunta para muchas familias sigue siendo la misma: cuánto queda, después de pagar la tarjeta, para lo que viene el mes que viene.

LC

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