Dos pueblos fantasmas y una película: cuando la ruina de verdad hace mejor el trabajo que cualquier decorado
Calvo y Ambrossi encontraron en Castil de Carrias y Loranquillo, aldeas abandonadas de Burgos, el escenario perfecto para rodar las escenas de la Guerra Civil de La bola negra. Nada de sets: paredes que se caen solas, botellas en la estantería y un pueblo sin un solo vecino desde 1994.
Hay una fantasía muy de Hollywood que consiste en fabricar la ruina con presupuesto: contratar gente que rompa paredes, que vacíe casas, que deje todo convenientemente polvoriento. Y después está lo que hicieron Javier Calvo y Javier Ambrossi para La bola negra, que fue mucho más simple y bastante más deprimente: cruzar la provincia de Burgos hasta toparse con pueblos que ya se habían roto solos.
Castil de Carrias y Loranquillo son dos aldeas deshabitadas del municipio de Belorado que llevan años haciendo lo que mejor saben hacer: existir sin nadie. El primero tiene historia documentada desde el siglo XII, llegó a tener más de 240 vecinos a mediados del siglo XIX, y se fue vaciando al ritmo que marca el siglo XX español: de 178 personas en 1950 a 59 en 1970, hasta que en 1994 murió Florentino González Sáez, el último habitante. El segundo se despobló del todo en los años noventa. Entre los dos suman un catálogo involuntario de objetos abandonados: una escuela, una taberna con botellas todavía en los estantes, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, con el deterioro y el expolio a la vista (o sea, exactamente lo que no se puede pedir en un set de filmación).
Por qué eligieron lo que eligieron
La responsable de localizaciones, Clara Salvador, recorrió la provincia hasta dar con lugares que resolvieran un problema muy concreto: necesitaban edificios parcialmente derruidos para recrear la Guerra Civil sin tener que construirlos desde cero ni destruirlos al terminar el rodaje. La ecuación es bastante razonable si uno lo piensa: ¿para qué gastar plata en fabricar un pueblo devastado si en España hay cientos de pueblos devastados de verdad, gratis y con paisaje incluido?
- Castil de Carrias: antiguo núcleo rural a unos diez kilómetros de Belorado, documentado desde el siglo XII y sin vecinos desde 1994. Quedan una escuela, una taberna con botellas en los estantes y la iglesia de Santa María, con daños visibles.
- Loranquillo: aldea anexada a Belorado en los años setenta y abandonada en los años noventa. Forma parte de una ruta de senderismo de 22 kilómetros que también incluye a Quintanilla.
- Rodaje: arrancó el 25 de agosto de 2025 en Castil de Carrias. Durante la filmación ambos pueblos permanecieron cerrados al público.
Lo que Calvo y Ambrossi buscaban, según contaron, no era solamente la foto bonita de una ruina. Era la sensación de una vida que se cortó a la mitad sin que nadie tuviera tiempo de juntar sus cosas. Ese detalle —una taza dejada en una mesa, una cortina que sigue colgada, un tractor que ya no va a arrancar nunca— tiene un peso específico dentro de la película, centrada en la memoria, la violencia y todo lo que el tiempo se va llevando sin pedir permiso.
Mi opinión, y la firmo: cada vez que el cine español deja el plató y se va a filmar a un pueblo vacío, algo se gana. No por romantizar la despoblación, ojo, que esa no es la idea. Sino porque hay un tipo de abandono que ningún decorado puede imitar: el que acumula décadas, el que tiene capas, el que se nota en el yeso que se cae solo. La bola negra eligió dos pueblos que ya venían con el casting hecho. Sólo tuvieron que poner la cámara.
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