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JUE, 17 SEPT 2026
Vida

Cuando un mensaje corto se vuelve una pelea: por qué el cerebro nos juega una mala pasada en la pareja

Las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño explican de qué manera la sobreinterpretación de un chat puede arruinar una relación y qué herramientas concretas recomiendan para cortar ese circuito antes de que la confianza se resienta.

CW
Carolina WehbeSociedad · 17 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

Lo veo seguido en la consulta de mis amigas, en la mesa de un bar y hasta en mi propia casa: alguien mira el celular, frunce la nariz y dice «me contestó con una sola palabra, algo le pasa». Antes de que termine la frase ya empezó la película. Y lo curioso es que la película suele tener un final que nadie filmó, pero que igual se cree a rajatabla. Por eso me pareció interesante charlar con dos profesionales que se dedican a desarmar ese mecanismo, porque una respuesta breve o una demora no alcanzan para saber qué siente la otra persona, y en cambio sí pueden abrir la puerta a un malentendido enorme.

La neuropsicóloga Karina Carreño lo resume con una idea muy concreta: antes de responder un mensaje que nos genera malestar, conviene distinguir qué pasó y qué significado le estamos poniendo encima. Que la pareja haya contestado con pocas palabras es algo comprobable; que esté enojada es una interpretación. Parece un detalle menor, pero en ese corte fino se juega buena parte de la estabilidad emocional de una pareja, porque regular la ansiedad y conversar para aclarar dudas siempre rinde más que dar por cierta una intención que todavía no conocemos.

Preguntar es más útil que adivinar

Carreño insiste en algo que suena obvio y sin embargo cuesta muchísimo: la comunicación directa permite obtener información que el análisis de una pantalla no ofrece. Preguntar, dice la especialista, ayuda a bajar la incertidumbre y desactivar esa reacción de alerta que se enciende cada vez que el teléfono no suena como esperamos. También plantea que es necesario aprender a convivir con respuestas que no llegan en el momento exacto en que aparece la inquietud, porque no siempre es posible tener una explicación a mano.

La psicóloga Marina Mammoliti, por su parte, propone correr el foco: en vez de pasar horas descifrando a la otra persona, sugiere mirar hacia adentro y reconocer qué nos pasa frente a ese silencio o esa respuesta seca. Esa operación, que parece sencilla, es la que muchas veces se y termina alimentando la interpretación constante, esa rueda que gira y gira sin freno y que nos deja agotados y, paradoja mediante, cada vez más lejos de una conversación directa.

Por qué el cerebro completa lo que no sabe

Cuando falta información sobre los sentimientos o pensamientos del otro, el cerebro intenta anticiparlos y, para eso, recurre a un archivo poco confiable: las experiencias anteriores, los temores, las inseguridades propias. Así, una demora de veinte minutos termina asociada con una pérdida de interés, aunque no haya un solo elemento que permita sostener esa conclusión. Es un atajo que el inconsciente toma sin pedir permiso, y por eso se siente tan verdadero.

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