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DOM, 18 OCT 2026
Vida

Cuando un coágulo se cruza en el camino: las señales que el cuerpo manda y que muchos no saben leer

Dolor en la pantorrilla, hinchazón, piel enrojecida y calor local pueden ser la pista inicial de una trombosis venosa. El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco repasa los síntomas de alerta, los factores de riesgo y los momentos de la vida en los que conviene mirar dos veces.

CW
Carolina WehbeSociedad · · lectura 4 min
Cuando un coágulo se cruza en el camino: las señales que el cuerpo manda y que muchos no saben leer

Lo vi cruzar la guardia del hospital arrastrando la pierna derecha, con la pantorrilla inflamada y una mueca que no podía disimular. Tenía 54 años, se llamaba Marcelo y había pasado el día entero atribuyendo el dolor a una contractura. No lo era. Una ecografía Doppler confirmó lo que el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco ya sospechaba mientras lo revisaba: un coágulo alojado en una vena profunda del muslo. Marcelo llegó a tiempo. Otros no corren la misma suerte.

La tromboembolia venosa es una de esas condiciones que avanzan en silencio hasta que dejan de hacerlo. Se origina cuando se forma un coágulo en una vena profunda, casi siempre de las piernas. El verdadero peligro aparece después: si ese trombo se desprende y viaja hasta los pulmones, puede provocar una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que requiere atención de emergencia.

Las cuatro señales que el cuerpo envía y que conviene no descartar

  • Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo, que aparece sin un golpe claro que lo explique.
  • Hinchazón en la zona afectada, a veces comparada con la otra pierna y fácil de pasar por alto al final del día.
  • Cambio de color en la piel: roja, azulada o más oscura de lo habitual en el área comprometida.
  • Sensación de calor localizada, como si esa parte del cuerpo estuviera más caliente que el resto.

Lo Monaco aclara que ninguno de estos síntomas confirma un diagnóstico por sí solo, pero cada uno de ellos justifica una consulta médica para descartarlo o actuar a tiempo. Lo que no admite espera es otra constelación de señales: dificultad respiratoria súbita, dolor en el pecho que se intensifica al respirar profundo, tos con sangre o pérdida de conocimiento. Ante cualquiera de estas, la indicación es llamar a emergencias de inmediato.

Quiénes caminan con un riesgo más alto sin saberlo

Hay un perfil de personas para las que la amenaza es más concreta. Haber tenido un coágulo anteriormente es el primer factor a tener en cuenta. Los antecedentes familiares y las condiciones hereditarias como la trombofilia también pesan. Fumar suma. Pasar períodos prolongados con movilidad reducida —algo cada vez más frecuente en trabajos de oficina o en recuperaciones prolongadas— también. Y lo mismo ocurre con enfermedades preexistentes como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer, que modifican la manera en que la sangre circula y se coagula.

En la vida de las mujeres, además, hay tres etapas que Lo Monaco señala como de mayor atención. El uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno se asocia a un incremento del riesgo, aunque para la mayoría de las usuarias el riesgo absoluto sigue siendo bajo. El embarazo y el posparto son un período de vulnerabilidad especial, porque el organismo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto, y eso mismo favorece la coagulación. La terapia hormonal para tratar síntomas de la menopausia, cuando incluye estrógeno, puede elevar el riesgo de manera similar.

“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

El especialista insiste en un punto que a veces se pierde de vista: los riesgos no son fijos a lo largo de la vida. El embarazo, los tratamientos hormonales, los cambios en la movilidad y hasta una cirugía programada pueden modificarlos. Por eso, el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona y no sirve un listado genérico para todos los casos. Las personas con antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son, justamente, las que más necesitan conversar el tema con su médico de cabecera antes de que aparezca un síntoma.

A Marcelo le dieron el alta una semana después, con anticoagulantes y la indicación de moverse todo lo que pudiera. Cuando volví a la guardia, ya no arrastraba la pierna. Me dijo, mientras esperaba el remise, que llevaba meses sintiéndose bien y que por eso nunca había consultado. Esa es, tal vez, la frase que mejor resume lo que Lo Monaco intenta desterrar: la idea de que no tener síntomas equivale a estar a salvo. A veces, el cuerpo avisa con un dolor en la pantorrilla, con una pierna más hinchada que la otra, con un calor que parece no tener razón. La diferencia entre Marcelo y una mala noticia fue, simplemente, prestarle atención.

CW

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