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JUE, 17 SEPT 2026
Vida

Cuando el bebé llega de las dos: cómo es el método que permite a una pareja de mujeres compartir la maternidad desde el primer instante

La técnica de reproducción asistida conocida como ROPA combina los óvulos de una mujer con la gestación de su pareja. El especialista Agustín Pasqualini explica cómo se decide quién aporta y quién lleva adelante el embarazo, y una pareja cuenta cómo fue recorrer ese camino hasta tener a sus dos hijas.

CW
Carolina WehbeSociedad · 17 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo primero que vi al entrar al consultorio fue una pequeña imagen ecográfica colgada junto al diploma: una de esas sonrisas blancas que todavía no son sonrisa, apenas un perfil diminuto sobre el papel brillante. La médica la señaló y dijo, con esa mezcla de orgullo y rutina que tienen los profesionales que ven nacer muchos proyectos de vida, que esa era Juana. Y unos metros más allá, en otro cuaderno, estaba Eva, su hermana. Las dos llegaron por el mismo método, el mismo equipo y una decisión muy conversada entre sus mamás. Ahí entendí que la nota no iba a ser solo sobre un procedimiento médico: iba a ser sobre cómo dos mujeres pueden repartir, de manera profundamente íntima, los primeros pasos de una maternidad compartida.

El método que hicieron posible esas dos historias se llama ROPA, sigla de Recepción de Ovocitos de la Pareja, y consiste básicamente en combinar el material genético de una mujer con la gestación de su pareja, utilizando para la fecundación un semen donado de banco. Quien me lo explicó con paciencia de especialista acostumbrado a desmenuzar cada paso fue Agustín Pasqualini, médico especialista en medicina reproductiva, que insistió en algo que para él es clave: no hay una regla que imponga quién debe cumplir cada rol. La elección, me dijo, es siempre una construcción entre dos, atravesada por lo que el cuerpo permite y por lo que cada una desea vivir.

Cómo se define quién aporta y quién gesta

Según me explicó Pasqualini, la decisión se apoya sobre dos columnas. Por un lado, una evaluación médica individual: en quien podría donar los óvulos se miran la edad y la reserva ovárica, mientras que en quien podría gestar se revisan el estado de salud general, la historia ginecológica y obstétrica y, sobre todo, las condiciones del útero. Por otro lado, los deseos de cada una: si ambas están en condiciones de asumir cualquiera de los papeles, la palabra final la tienen ellas. Algunas parejas eligen este camino para que las dos queden corporalmente involucradas desde el inicio; otras lo adoptan porque la distribución de roles responde también a razones médicas concretas.

En lo que estrictamente técnico, el procedimiento arranca con la estimulación de los ovarios de la mujer que donará los óvulos. Luego se los retira y se los fecunda en el laboratorio con semen proveniente de un donante anónimo de banco. El embrión que resulta de esa fecundación in vitro se transfiere al útero de la otra mujer, que previamente atravesó una preparación endometrial para recibirlo. Es, en otras palabras, un trabajo de dos cuerpos sincronizados con un mismo objetivo: traer al mundo a un hijo que será, desde el primer instante, hijo de las dos.

Una historia real: Pamela y Mariana

Pamela Visciarelli y Mariana Blanco llegaron al método ROPA después de varios intentos fallidos de embarazo. Su médica, Liliana Blanco, les propuso que Pamela aportara los óvulos y Mariana llevara adelante la gestación. Hasta ese momento, Mariana había hecho todos los tratamientos con óvulos propios. Ya antes de ese cambio de estrategia, la pareja había conversado largamente sobre quién tendría el primer embarazo: por la diferencia de edad entre ambas, querían que fuera Mariana la que viviera primero esa experiencia. Con ese esquema nació Juana. Dos años después, llegó el turno de Pamela: ella gestó a Eva. Según me contaron, los dos embarazos se lograron en la primera transferencia de cada tratamiento, algo que describieron con una mezcla de alivio y asombro que todavía se les nota en la voz.

“Durante el embarazo de Mariana, a veces me pasaba de explicar que yo también era la mamá. No porque no me reconocieran, sino porque algunas personas no terminaban de entender qué lugar ocupaba yo en esa familia. Con el tiempo, explicar se volvió parte de la vida cotidiana.”Pamela Visciarelli

Para Pamela, la llegada de Juana fue además un punto de inflexión personal: la primera vez que pudo reconocer su maternidad sin haber atravesado ella misma un embarazo. Con Eva, esa vivencia se completó del otro lado: esta vez fue su propio cuerpo el que gestó. Las dos, me dijo, son mamás a la par, una desde los genes y otra desde el embarazo primero, y ahora desde los dos registros juntos. Antes de despedirme, volví a mirar la imagen de Juana colgada en el consultorio y pensé que, más allá del nombre técnico, lo que ahí estaba dibujado era simplemente una familia que había sabido conversar, decidir y construir, entre dos, el camino más largo y más lindo que se puede imaginar.

CW

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