Cortisol: la hormona que se volvió viral y los médicos salen a poner paños fríos
Millones de reproducciones en redes sociales asocian al cortisol con la grasa abdominal, el insomnio y el cansancio crónico, y promeden curas exprés. Las sociedades científicas insisten en que se trata de una sustancia clave para el organismo y que la preocupación solo se justifica en cuadros muy puntuales.
La vi por primera vez en una story de Instagram, justo mientras esperaba el colectivo en la parada de siempre, en pleno centro porteño. Una chica de no más de veinticinco años, con un vaso de algo color anaranjado en la mano, le contaba a sus seguidores que ese era su cóctel matutino para bajar el cortisol, dormir mejor y, de paso, derretir la grasa del abdomen. Lo decía con la misma tranquilidad con la que se recomienda un café. Alrededor, tres mujeres esperaban el bondi mirando el celular. Pensé, sin querer queriendo, cuántas veces yo misma había visto pasar ese tipo de mensajes sin detenerme a pensar qué había de cierto.
Viajé hasta esa nota con una idea bastante clara: el cortisol se había convertido en el nuevo villón de las redes sociales, un culpable moderno al que se le achacan desde el insomnio hasta los rollitos de la cintura. Y la verdad es que, cuanto más me adentraba en la conversación, más notaba que se mezclan cosas muy distintas. Por un lado, una hormona que el cuerpo necesita para funcionar; por el otro, una batería de recetas caseras, diagnósticos exprés y promesas detox que no siempre tienen anclaje en la ciencia.
Qué es el cortisol y para qué sirve
El cortisol es una hormona que fabrican las glándulas suprarrenales, unas estructuras chiquitas que tenemos apoyadas sobre los riñones, casi como si fueran dos gorritos. Su trabajo es mucho más amplio de lo que el imaginario colectivo supone. Participa en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; ayuda a mantener la presión arterial en valores razonables; modula la respuesta inflamatoria y la actividad del sistema inmunitario; y, además, tiene un papel central en el ciclo de sueño y vigilia.
Los niveles de cortisol no son parejos a lo largo del día. Alcanzan su pico más alto entre la madrugada y la mañana temprano, y luego bajan de manera gradual durante la tarde y la noche. A ese patrón se lo conoce como ritmo circadiano y, en condiciones normales, se repite casi como un relojito. Por eso, cuando un laboratorio pide un análisis, suele hacerlo a primera hora, para tener un valor de referencia confiable.
“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo
El estrés del día a día no es una enfermedad
Mallea Gil, de 58 años, lo resume con un ejemplo que cualquier adulto puede entender. Si alguien se hace un análisis de cortisol justo antes de rendir un examen o de enfrentar una situación que lo tensiona de verdad, es muy probable que el resultado le dé más alto de lo habitual. Eso no significa que esté enfermo: es la forma que tiene el cuerpo de adaptarse a una exigencia concreta, y los valores suelen volver a la normalidad una vez que pasa la tormenta.
El cuadro clínico que sí enciende las alarmas se llama síndrome de Cushing, y se produce cuando el cuerpo queda expuesto a niveles excesivos de cortisol durante mucho tiempo. En esos casos, el ritmo circadiano se rompe: la hormona puede estar tan alta a la tarde o a la noche como a la mañana, y aparecen otros signos que el médico evalúa en conjunto. Pero, vale la pena insistir, esa situación es muy distinta de las variaciones cotidianas que todos tenemos frente a un pico de estrés.
- La llamada cara de cortisol: se le atribuyen cambios en la piel y acumulación de grasa en el rostro, pero los especialistas aclaran que esos rasgos no son un método válido de diagnóstico y pueden responder a múltiples causas.
- El cortisol cocktail: es una preparación con jugos naturales, sales y, en algunos casos, suplementos. Aunque algunos ingredientes pueden consumirse sin riesgo, no hay evidencia de que modifique los niveles de la hormona ni que actúe sobre las glándulas suprarrenales.
- El cortisol detox: la idea de depurar o eliminar la hormona no tiene sentido médico, porque el cortisol no es una toxina sino una sustancia que el cuerpo produce y regula de manera natural.
- Cansancio crónico adjudicado al cortisol: el agotamiento sostenido puede tener causas muy variadas, desde problemas de sueño hasta anemia o hipotiroidismo, y merece una evaluación médica completa antes de culpar a una sola hormona.
La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, fue bastante gráfica al referirse a estas modas. Calificó al cóctel como una exageración, en el mejor de los casos, y recordó que la alimentación puede ser aliada de la salud, pero no sustituye los estudios ni los tratamientos cuando algo anda mal de verdad.
Entonces, ¿cuándo conviene preocuparse? Los especialistas coinciden en que la consulta médica tiene sentido cuando aparecen señales persistentes, como cambios marcados de peso sin causa clara, hipertensión difícil de controlar, aparición de estrías violáceas en la piel, debilidad muscular importante o alteraciones en el ciclo menstrual. Frente a eso, lo indicado es hablar con un profesional, hacerse los estudios que correspondan y, sobre todo, evitar los autodiagnósticos a partir de videos virales.
Cierro esta nota volviendo a la parada del colectivo, con el vaso anaranjado todavía en mi cabeza. La chica de la story no tenía mala intención, claro que no. Seguramente quería sentirse mejor y compartir un tips que le habían recomendado. Pero me quedo pensando que, en temas de salud, la distancia entre un consejo de pasillo y un dato verificado puede ser enorme. Si algo aprendí mientras preparaba esta nota es que el cortisol no es un enemigo al que haya que expulsar del cuerpo, sino una pieza clave de un sistema que, como tantos otros, merece ser entendido antes que combatido.
Por Carolina Wehbe, Sociedad.
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