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VIE, 28 AGO 2026
Vida

El museo escondido entre los cerros jujeños que el mundo de la fotografía descubrió de boca en boca

En la Quebrada de Huichaira, frente a Tilcara, un fotógrafo de 60 años levantó con adobe un espacio único dedicado a la imagen latinoamericana. No hay un solo cartel que lo anuncie y, justamente por eso, hoy lo visitan desde estudiantes locales hasta curadores internacionales.

CW
Carolina WehbeSociedad · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min

Llegué a la Quebrada de Huichaira una mañana de cielo limpio, con ese azul intenso que en Jujuy parece más azul que en cualquier otro lugar, y lo primero que me llamó la atención fue lo que no estaba: un cartel, una bandera, una señal cualquiera que me dijera que ahí, sobre la ruta 9, mirando de frente a Tilcara, se escondía un museo dedicado por entero a la fotografía argentina y latinoamericana. Tuve que preguntar dos veces en una estación de servicio, bajarme del auto y caminar unos metros para encontrarme con una construcción de adobe que se funde con el cerro, como si la propia montaña la hubiera parido, y entender que esa ausencia de señalización no era un descuido sino una decisión tomada a conciencia por su fundador.

El responsable de todo esto se llama Lucio Boschi, tiene 60 años y nació en la provincia de Buenos Aires, aunque hace rato ya Jujuy se lo quedó para sí. Lo conocí adentro del museo, entre las paredes de barro que filtran una luz cálida y cambiante, y me contó que llegó a la zona siguiendo el cauce del río Huichaira, se topó con una quebrada que lo dejó sin palabras y terminó comprando un terreno. Primero levantó una casa para vivir; años después, cuando el proyecto se volvió inevitable, edificó el museo con la misma técnica, el mismo material, el mismo respeto por el paisaje.

Una colección que llegó de cartas y de gestos

Lo que más me sorprendió, mientras recorría las salas con Boschi como guía improvisado, fue enterarme de cómo se armó la colección permanente. No hubo compras millonarias ni subastas internacionales: hubo cartas. El fotógrafo les escribió a colegas que conocía de años de trabajo en circuitos internacionales, les mandó mensajes a galerías, les habló a coleccionistas, y les preguntó si donaban una obra para un museo sin cartel en medio de la Puna. Las respuestas, una tras otra, fueron que sí. Por eso hoy las paredes del Museo Entre los Cerros, conocido como MEC, exhiben trabajos de nombres pesados de la fotografía latinoamericana: Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros. Todo donado, todo llegado de buena fe.

“Al principio no llegaba nadie. Estaba convencido de que el público tenía que descubrirlo por cuenta propia, sin que nadie se lo vendiera.”Lucio Boschi, fundador del MEC

Esa filosofía de no promocionar el lugar, que al principio sonaba a capricho, terminó siendo el motor de una construcción de público lenta pero firme. Los primeros que cruzaron la puerta fueron los chicos de la escuela vecina, después llegaron los guías locales, después grupos de fotógrafos amateurs que se pasaban la data de boca en boca, y con el correr de los años aparecieron curadores y directores de museos internacionales de primer nivel, atraídos justamente por ese rumor creciente que corría sin necesidad de prensa.

Más que un museo: un punto de encuentro

Hoy el MEC dejó hace rato de ser solo una sala de exhibición y se transformó en un espacio cultural completo, que funciona además como punto de encuentro para la comunidad de la quebrada. Cuenta con una biblioteca especializada, organiza talleres y residencias artísticas, y sostiene un programa gratuito de formación pensado especialmente para jóvenes fotógrafos de las provincias del norte, una iniciativa que para mí tiene un valor enorme porque democratiza el acceso a un lenguaje, el de la imagen, que muchas veces parece reservado a las grandes ciudades. Visitarlo, eso sí, requiere una actitud particular: las salas tienen bancos para detenerse, la luz cambia con las horas y hay que entrar con tiempo, caminando despacio, dejándose llevar por el ritmo que imponen los cerros.

  • La entrada al museo es por la ruta 9, desde Tilcara, aunque el GPS puede no estar actualizado en los tramos finales de los caminos del cerro.
  • La construcción es de adobe, integrada al paisaje, y permite que la luz natural sea parte de la experiencia de visita.
  • No hay señalización en el camino: la forma de llegar suele ser preguntando a los vecinos o a los guías locales.
  • Conviene ir con tiempo: hay bancos, salas para recorrer sin apuro y una biblioteca especializada.
  • El espacio organiza talleres, residencias artísticas y un programa gratuito de formación para jóvenes fotógrafos del norte argentino.

Me fui del Museo Entre los Cerros cuando el sol ya estaba bajando y los cerros se habían puesto de un tono violeta que no se ve en ningún otro lugar del mundo. Mientras manejaba de vuelta por la ruta 9, pensaba en lo raro y lo hermoso que resulta que un espacio así, nacido de una obstinación casi quijotesca de un fotógrafo de 60 años, sin un solo cartel ni una sola pauta publicitaria, se haya convertido en una referencia para la fotografía latinoamericana simplemente porque la gente fue contándoselo a otra gente, de boca en boca, como se cuentan las cosas que de verdad valen la pena.

CW

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